4 abr. 2009

EL ERROR


-No puede ser María, seguro que mañana tenés noticias de ella, es joven y hermosa algún pretendiente le debe estar arrastrando el ala, o acaso nosotras cuando éramos jóvenes no hacíamos lo mismo, bueno... Cuando éramos más jóvenes, ya va a aparecer tranquila vos anda a la comisaría que yo averiguo en la salita de primeros auxilios no sea que tenga un percance, que se yo, le bajó la presión con este calor y se desmayó en la calle, o algo así.
-No Araceli te digo que no va a aparecer y si la encuentro pienso en lo peor…
-Ni lo digas, ni lo pienses, sácate de la cabeza esos malos pensamientos tu hija es una muchacha grande y todos sabemos que es seria, que no es una loquita de irse por ahí a joder con el primer estúpido que aparece, en eso no se parece a vos que te casaste con el Aníbal, siempre metido en problemas en la fábrica, en la calle, con el sindicato, la verdad sea dicha como candidato un castigo, pero vos siempre enamoradiza…
-Bueno Araceli no perdamos el tiempo voy a la comisaría y vos hace tu parte.
María se dirigió apesadumbrada a la puerta del viejo edificio, en la garita de vigilancia que habían construido hacia unos meses atrás en todas las comisarías barriales, un agente la detuvo, ya no se podía acceder libremente al interior sin pasar por la guardia.
-¿Por qué asunto viene?
María se sorprendió que dentro de ese bloque de cemento y vidrio templado alguien le pudiera hablar.
-Vengo a ver al comisario para hacer una denuncia de desaparición de mi hija, hace dos días que no sabemos dónde está y…
El guardia la interrumpió bruscamente, Señora el comisario no atiende esos reclamos ingrese y hable con el oficial a cargo que le va a tomar declaración. Un chillido seco de radio mal sintonizada y la vos del interior del sarcófago anunció marcialmente.
-¡Entra Una femenina!
-Puede pasar, derecho cruzando el patio la primera puerta.
María cruzó el patio descubierto a pleno sol del mediodía, un conjunto de bancas de madera rodeaba el perímetro, había gente sentada con la cabeza gacha y los hombros hundidos como en una extraña plegaria, el sol les castigaba el cuerpo y el alma, los únicos que estaban en la sombra eran dos agentes de policía que se habían sacado la gorra y la secaban con un pañuelo blanco.
La puerta estaba entreabierta y se escuchaban llantos y un murmullo que se acrecentaba con el acercamiento, de pronto se abrió bruscamente dos policías salían llevando a un muchacho de la edad de su hija, uno de los policías lo tenía agarrado de los pelos mientras que el otro le doblaba el brazo por la espalda lo empujaron al medio del patio como quien arroja a un borracho de una cantina. El joven miro a María que se había quedado pegada a la pared como una estampilla.
Solo pudo decir una frase antes que el policía lo hiciera callar de un golpe en la boca con su borceguí reglamentario.
-¡No deje que me lleven doña!
No comprendía la frase, ¿Que lo lleven a dónde?, tomo valor y preguntó al policía de bigotitos con forma de anchoa, pero era tarde al muchacho lo sacaron por un costado y pudo ver como lo subían a un automóvil particular. El agente le sostuvo la puerta de la guardia, como indicaba el cartel de metal esmaltado, y con cierta amabilidad la empujó al interior para que no siguiera viendo.
Se encontró frente a un mostrador, una máquina de escribir Olivetti y un ordenado y engominado oficial principal que con una sonrisa preguntó.
-¿Que la trae por aquí señora?
María se quedó en silencio mirándolo fijamente y eso fue suficiente para que la estudiada amabilidad al servicio de la comunidad se diluyera aflorando la verdadera personalidad del oficial.
-¿Qué le pasa esta sordita la civilacha? ¿Le comieron la lengua los ratones?
María giró observando el lugar entre las risas de los otros policías que estaban sentados en los viejos escritorios de roble, un detenido era trasladado de una habitación a otra su cara estaba enrojecida y perdía sangre por la nariz, el sargento que lo llevaba le gritaba al oído.
-¡Montonero de mierda ya te vamos a reventar hijo de Puta!
Mientras el oficial cargaba en la máquina de escribir unas hojas con carbónico haciendo un ruido estremecedor con el cilindro metálico María tragó saliva y comprendió que debía tomar una decisión definitiva.
-Vengo a denunciar la perdida… de la libreta cívica…
La hija de María apareció una semana después en los bosques cercanos al aeropuerto Internacional de Ezeiza, muerta con signos de haber sido torturada y violada, la policía de la provincia le recomendó que aceptara el cuerpo para ser enterrado cristianamente y para evitar preguntas, sumarios engorrosos que no aportan ninguna claridad al hecho, se le extendió un certificado de defunción que indicaba muerte por paro cardíaco- respiratorio.
Por un tiempo cada vez que llevaba flores al cementerio y se quedaba rezando en su tumba un policía de civil la vigilaba a cierta distancia y anotaba algo en una libretita, pero eso duro poco.
Con el transcurrir del tiempo, llegó a pensar que ella había tenido suerte de tener el cuerpo de su hija...
Ese fue un error que las autoridades militares no iban a volver a repetir.

Fernando Omar Vecchiarelli


Nota del Autor: Los Montoneros pertenecían al brazo armado del Peronismo en Argentina. Los nombres fueros cambiados en la narración en protección de los verdaderos implicados en la historia ocurrida en Diciembre de 1976.
Nota del Autor 2: Si bien el nombre del personaje Araceli no es nombre de época, se solicito el permiso de Araceli Luna para su uso, Miembro de Letraskiltras .-