20/06/2011

CITA VIRTUAL


A lo lejos, como cubierto por un ropaje gris, amarillo en el fondo, semejaba la cúpula de una gran catedral;
A la izquierda, el sinuoso camino de los que escriben y, un poeta leyendo sus versos a un auditorio sordo.
 Seguí de largo simulando no ver las perspectivas  y volúmenes de un cuadro inconcluso, colgado de un imaginario estandarte exital. También fui sordo a las notas Bethovianas que incitaban al inicio de un concierto operático.
¡Alguna relación secreta, que el vulgo no entiende, debe tener ese paisaje, sus personajes y expresiones artísticas…! Pensé.
Mi reloj biológico marcaba la hora en punto para la cita.
Allí… sobre esa gran cúpula, que a momentos se me antojaba de basura, estaba silencioso, meditaba, como esperándome. Ascendí hasta estar frente a frente. Nos sentamos a la sombra de las silenciosas mayorías lumpenalísticas, donde gira el confuso montón esponjoso, traslúcido, de la opaca realidad.
-“…Esa masa, está atravesada por corrientes y flujos de estadistas y politiqueros, semejante a la materia y a los elementos naturales; esa es la sociedad. Envuelta está, como por una estática  magnetizada y, casi siempre hace tierra, como antena, a masa de un pararrayos, absorbiendo toda la energía de lo social, de lo político, de lo económico ¡Y la absorbe toda! Neutralizándola sin retorno”…
“…No es un buen hilo conductor ni de lo político, ni de lo social, ni de lo económico, ni de lo cultural. Todo lo atraviesa, todo lo imanta; todo se  difunde en ella sin dejar huella y, la apelación de artistas y del pueblo, en el fondo, siempre queda sin respuesta. No irradia; al contrario, absorbe la energía de las radiaciones negativas del Estado, de la política, de la cultura; ella es la inercia socializada ¡Es el poder de la inercia!”...
Aunque en lontananza contemplé un destello titilante, entre verde y azul, no quise interrumpir su monologo; me limité a escuchar lo que decía o, murmuraba:
-“…En la imaginaria representatividad, esa masa flota en alguna parte de la espontaneidad semi salvaje, y la pasividad semi servil, pero nunca dejará de ser una potencial energía social; esto será cuando haciendo uso de la palabra se torne en protagonista de su propia historia y, deje de ser un algo flotante en la mar de la pasividad”...
 ¡…El silencio es su potencial! ¡Ay, está intacto…!
…En el claro oscuro de su inconsciencia social hay un remolino de inquietudes y esperanzas que atraviesan el vacio social ¡Esa es la masa!...
…Un vacio de individuales partículas, de impulsos que absorbe todas las energías que la rodean, para concluir derrumbándose en su propio peso; ¡Agujero negro éste, en que se precipita lo social!...
…¡Su historia hay que escribir! ¡Sus energías virtuales que liberar! Su potencia es actual; está intacta”…
  Ego, se silenció  sumergiéndose en leve letargo, como imantizado en su propia energía.
 Bajé, entonces, en compañía de mí “Yo”, de la cumbre de mi cerebro

CUENTO DEL LIBRO "CUENTOS Y LEYENDAS DEL CAFE DE LA ESQUINA" DE J.MARUARI

25/05/2011

TRATADO DEL QUERUBÍ (Fragmento)

28


De pronto se levantó, se lavó la cara, se puso un vestido nuevo. Salió sin mirar, en puntas de pie. Las estrellas estaban al alcance de la mano; como los higos que se cuelgan en el árbol de la Navidad, parecían de papel y de miel. Desdeñó el camino; miraba sin mirar e iba a campo traviesa. Las vacas y los caballos como siempre, dormían un instante y volvían a cenar. Los lobizones se diferenciaban de los otros animales y de la gente, porque  les seguían las luciérnagas. Caminó, caminó; debajo de sus pies, los ratones subterráneos zumbaban y silbaban; las ovejas de abajo de la tierra también, estaban sacando trabajosamente, la cabeza ovalada, llena de rizos. Pero, ella hizo poco caso de toda esa ganadería misteriosa. Ya debía ser la medianoche, pues, empezó a caer maná del cielo, aunque, en verdad, sólo era una nube de hongos blancos y centelleantes que pasó, fugacísima. Empezó a aparecer el otro pueblo. Alguna luz habría quedado ardiendo en una cocina o en una tumba. Llegó en puntas de pie. Recorrió las calles. Todas. La del Jazmín, la de los Pepinos, la calle del Ante y la de Ana María. Tenía un miedo pánico de que su madre la hubiese seguido. Siempre tuvo un miedo horrible de que su madre la encontrara de pronto, la enfrentara, le dijese que... Pero, no vino nadie, por ningún lado. Las casas sobre las que destellaban los hongos recién caídos, habían quedado, como siempre, todas abiertas. Penetró en una. Sigilosamente, preparó un manjar, lo dejó sin probar, salió. Todo, dentro del mayor silencio. Recorrió, otra vez, todas las calles, la del Jazmín, la de los Pepinos, la calle del Ante... caminó, caminó; a veces, se detenía y lloraba, a veces, se sentaba y sollozaba. Hasta que, en la lejanía, dieron la orden de regreso.