29 jul. 2009

Un mundo distinto




Un ángel malo pretendió cerrar todas las puertas de los sueños de Luis. Él era pequeño, muy pequeño en todos los sentidos.Anduvo por las calles como un alondra escapando del peligro. Despertaba cuando el sol le arañaba los párpados, allí debajo del puente.

Siempre se enredaba con la soledad. No recordaba ,desde cuándo la calle era su casa, sólo estaba convencido que había nacido un día en que las cascadas dejaron de fluir y el cielo dejó de ser celeste. Fue en el preciso momento que su llanto primero cayó como rayo partiendo todas las horas .Desde entonces fue ...rodar y rodar, hasta el día que se prendió al vientre de una paloma y aprendió el lenguaje de las aves.

Ya no tenía angustia y hasta podía sentir el suspiro de los ángeles en la boca de las generosas auroras . La serenidad del espacio se le había impregnado como alga milenaria. En el fondo de lo infinito fue agrupando las perlas, nacidas de las lágrimas evaporadas desde los ojos del mundo y construyó un castillo de muros azules y torres plateadas. Acudieron buscando refugios ,los aullidos de los arroyos descongelados amenazando los valles sembrados,los gorriones que huían de la ciudad contaminada y todos los seres desamparados.

La brisa sideral , traía perfumes de violetas invadiendo desde el atalaya a todo el castillo. Luis aprendió todas las plegarias escritas, con el vapor de los poemas que se acercaron al sol, inventó juegos con bordes de dulzura. Millones de almas angustiadas buscaban los senderos que llevaban al castillo de Luis. Había creado un mundo distinto, el que había soñado allá muy abajo ,donde quedaron sus pasos sin calzado, su cuna de calle y su despertador de sol.

Stella Maris Taboro

28 jul. 2009

ARBOLES EXTRAÑOS


Persiguió dar todo, quedarse con las manos llenas de aire, poder cerrarlas, para que también entregara en un puño absolutamente todo. En verdad aspiraba dar lo único, pero al mirar atrás vio que no había dado nada, entonces deseo romperse en pedazos y suministrarlos pero tampoco poseía nada de lo que el mundo codicia tener.
Se iba deshaciendo poco a poco, pero en el pasaje no quedaba más que la huella seca de selva. Colmado de hojas escritas con poemas e historias, pero desapacible al que jamás se le vio fruto. Pisadas de árbol, si, pisadas de árbol uno que nunca fue plantado que siempre estremecido anduvo con sus raíces resueltas, que nunca perteneció.

En otoño declaró al ver a otros arboles. -Que extraños arboles- no les lastima en otoño perder sus hojas viejas para luego lucir sus flores nuevas, alzar en sus brazos frutos y niños traviesos. -Que extraños arboles…- rugió a lo que no respondieron nada, pues los arboles sembrados no hablan con arboles caminantes, fue entonces cuando comenzaron a cantar una canción de viento que movía las raras hojas verdes de esos arboles inmóviles, sintió música de ángeles amados.

-Astillas tal vez seré- expuso, al ver, que por saberse mover hasta los niños le temían, ni un solo pájaro se posaba sobre el, ambicionó dar todo pero de el nada incumbía. Aun así, se imagino en el camino, pretendió aferrar sus raíces al suelo, removió las hojas de poemas e historias levanto su cepa para dar frutos y niños traviesos, queriendo ser un árbol extraño como los que vio en el otoño cantar canciones de viento. Pero no supo como hacer para que se asiera su tronco al suelo.

En aquel momento viajó y sus ramas se volvieron a cubrir de hojas con poemas e historias que nadie se antojó leer. Marchó y transitó hasta que cayó y penoso de no dar nada sucumbió. Si, cayó y murió, como no caen los arboles Pues de pie mueren. Menos este, recuerden que este ni en la tierra pudo hallar lugar.

Vino un leñador, le ensarto su hacha al extraño árbol y por la grieta que se abrió empezaron a aventarse multitud de insectos también peregrinos que devoraban profundidades, en sus pequeños cuerpos cargaban escritos también poemas e historias, el leñador marchó pues la leña era inútil y el árbol se quedo en el mundo solo y vacio.

En el área en la que se desplomó el árbol caminante, de vez en cuando se levantan al viento hojas escritas con poemas e historias, como si no hubiera muerto, unos solían explicar que era un cementerio de poetas pues con ellos nunca se sabe, algunas veces como el árbol, parecen vivos y están muertos o son muertos que creen estar vivos...

MANTISGREEN

21 jul. 2009

UNA VOZ SENSUAL


Una de las múltiples cosas que tienes que hacer al cumplir los 18 años, es sacar tu DNI que vendría a ser el símbolo irrefutable de la madurez y la obtención de la ciudadanía. Dejas de ser un chibolo para ser un hombre. Recuerdo que una tarde llamé a la Reniec, para saber los requisitos y si todavía estaba en el tiempo para sacarlo, o tendría que pagar una multa.

Marqué el número de mala gana porque ya saben cómo es esto de llamar a las instituciones del estado, ¡la bendita burocracia!, el pitido, la contestadora, una música de fondo. Al final espero y escucho una agradable voz de una joven mujer, guaaaaa. Imagínense la voz más linda y sensual que hayan escuchado.

-Ahhhh.. Hola me podría decir los requisitos que necesito para sacar el DNI

-Sí, necesitas una foto tamaño carnet, tu recibo cancelado el Banco de la Nación, y tu partida de nacimiento original. Algo más

-Ayá, no, gracias

-De nada

Recontra oficinesco quizás, pero su voz era música, yo le echaba sus 24 o 25 años a lo mucho, porque a pesar de la formalidad que guardan estas secretarias, ella tenía un registro casi infantil, dulce. Estaba tan volado que olvidé preguntarle cuando era el último plazo para pagar. Llamé de nuevo y hablé como tonto, y sí estaba dentro del plazo, tenía medio mes.

Durante los siguientes días estuve llamando a la Reniec para preguntar las mismas cosas o sobre asuntos que no tenían nada que ver, a veces impostaba la voz, lo hacía grave, grotesca.

-Buenos días hablo con el INEI

-No, señor esto es la Reniec

-Hola amiga hablo con el Banco de la Nación, hasta que hora atienden

-No, joven esto es la Reniec, pero le puedo pasar ese número

.

-Aló hablo con la Municipalidad de Barranco

-Ja no, esto es la Reniec

A veces trataba de ser informal o gracioso, o creerme bacancito

-Hola flaca, sabes puedes ayudarme, tengo que sacar mi DNI pero creo que ya pase la fecha, ayúdame, no quiero pagar

-Lo siento pero ya pasaste la fecha y tienes que hacerlo

- Ya pues mi amor, vamos.

Esa vez creo que me sobrepasé, pero ella sabía que era yo, el único que la llamaba y trataba de hablarle y alargar la conversación. Porque si no me hubiera reportado, no sé, o quizás denunciado por acoso (aunque suene exagerado). Tenía registrado mi número, llamaba de mi casa. Sabía de tanto llamar que su horario era de 8 de la mañana a 2 de la tarde, algunas veces me contestaba con sarcasmo, burbujeando una sonrisa, yo pensaba o me gustaba pensar que esperaba mis inocentes y entrometidas llamadas. Así que me decidí

-Hola, es esta la empresa de publicidad Master Groups

-No es la Reniec (en forma dulce)

-Bueno oye, mira hace tiempo que estamos en esto, no sé cómo hacer para conocerte, o podríamos hablar algún día en un café, puedo invitarte a salir

_......

-Ah, no pienses que soy un pervertido (sí, eso dije), una mala persona o asesino en serie, realmente me interesas, aunque sólo conozca tu voz, me encantas, … me gustas, ah ¿Cómo te llamas?

_.........

Y ya no recuerdo más, creo que escuche el sonido de fondo, el tururú, tururú tururú, y colgó.

Me quedé estupefacto, petrificado en la mesita de mi sala, no era la primera vez que rebotaba, pero si la primera con alguien que ni siquiera había visto, !por teléfono!. Después de todo yo pienso que se había asustado, o que esa indirecta relación era sólo un juego, yo era algo así como algo que le alegraba el día, algo gracioso que comentar con sus amigas en el almuerzo.

Llamé por última vez porque en verdad, por tantas cosas, creo que había dejado pasar varios días, y ahora tenía que pagar una multa.

_Buenos días, hasta cuando tengo para pagar el recibo para sacar mi DNI

-Hasta el 30 de este mes

-Okey gracias

_......

La voz que me contestó no era ni dulce, ni sensual, ni amable, en contraposición a eso, la mujer que lo hizo tenía una voz robotizada, fuerte, y yo le echaba unos 30 años.


Jesús Herrera

14 jul. 2009

La señora mayor

Dora había quedado viuda hacía 15 años, en realidad su verdadero nombre era Dorotea, obviamente por una cotequeteria que nunca abandonaba, nadie conocía este nombre, solo su apócope: Dora.

Era famosa en el barrio por su mal genio con los parquistas y demás empleados que pululaban por el barrio parque donde vivía; discutía con todos, fueran o no a trabajar en su casa, razón por la cual solo “resistía” trabajando para ella un viejo jardinero con un carácter tan fuerte como el de la dama.

Se la conocía también por lucir casi perpetuamente un pañuelo que cubría los ruleros prolijamente armados de su cabeza, nadie sabía a ciencia cierta cuando se los quitaba y frente a quien lucia aquel peinado tan primorosamente cuidado, ya que solo recibía la visita de su único hijo, que la visitaba espaciadamente cada dos o tres semanas.

Solo parecía cambiar su duro carácter cuando llegaba su nieta, una niña de unos seis años que solía quedarse algún fin de semana con ella. Solo entonces los proveedores de gas y los carteros se animaban a llegarse a su portón para consultarle algo o entregarle el correo mensual.

Compartía sus días con dos perras, varios gatos y una multitud de pájaros que solían acompañarla cuando hacía el jardín, que lucia primoroso y lleno de flores; en él nunca faltaba miga de pan y algún tarro con agua para los alados visitantes, y los gatos de la casa parecían saber del afecto de su dueña por ellos, ya que rara vez los molestaban, por otro lado, la relación de éstos con las perras era fantástica

Al punto de nos ser raro verlos durmiendo unos junto a otros en el parque en las tibias mañanas de sol del invierno.

Dora no era mujer temerosa, al morir su marido, el hijo y la nuera habían insistido en que fuese a vivir con ellos a la ciudad y dejara la quinta para los fines de semana, ya que era un lugar solitario, y en

Desde hacía varios días las perras de la casa y algunos otros perros del barrio estaban intranquilos y ladraban continuamente hacia todas partes, Dora se levantaba todas las noches e iluminaba el parque con la linterna y el revólver en la mano, pero nada veía, concluyendo invariablemente que quizá se tratara de alguna comadreja u otro animal de hábitos nocturnos.

La noche de su muerte, los perros comenzaron a ladrar desde muy temprano, por lo que Dora decidió abrigarse bien, apagar el televisor e instalarse junto a la puerta de la cocina con el revólver a mano… estaba dispuesta a terminar de una vez con el animal causante de su insomnio, así tuviera que dispararle.

Acompañó la espera con algunas copitas de licor ya que esa noche de junio el frío se hacía sentir con fuerza. Estaba casi dormida en su silla cuando un ruido extraño le llegó desde el patio, se incorporó y miró a sus perras que estaban alerta con las orejas paradas y los pelos del lomo erizados. Aguardó unos instantes hasta que venció el natural miedo y giró la llave… en ese momento los sonidos de afuera cesaron.

Dudó un instante en salir, pero la molestia de la falta de sueño de los últimos días fue mas y salió al patio y a la noche.

Se sintió de repente atrapada en un abrazo sofocante, algo la tenía sujeta y la arrastraba suavemente al suelo… tuvo la fuerza para hacer dos disparos hacia ninguna parte, uno impactó en una maceta y el otro se perdió en la maleza.

En ese momento sintió la mordida en el cuello, fue un dolor fulgurante parecido a una descarga eléctrica seguida de una extraña sensación de bienestar… era como si por la herida del cuello estuviera siendo penetrada por un anestésico raro y sumamente agradable.

Comenzó a experimentar un bienestar y placer físico incomparable… incluso un viejo dolor que sentía en la cadera en forma permanente desaparecía bajo la acción de aquello que entraba en su torrente sanguíneo por el cuello.

Allá en lo alto las estrellas brillaban con una nitidez muy particular, desde su posición en el piso podía verlas con claridad y también podía ver un sector del techo de la casa, pero no podía ver que era eso que la sometía en el piso, aunque a esa altura ya no le importaba… lentamente sus músculos se iban relajando y se iba entregando a aquella sensación de bienestar que experimentaba con mas y mas fuerza.

Sentía todo, sin embargo; podía oír claramente como era succionada su sangre a través de su garganta, como la lengua de quien le estaba arrebatando la vida recorría una y otra vez la circunferencia de la mordida deleitándose con ella, también sentía el calor del cuerpo que estaba sobre ella… sin embargo aquello no le producía ningún temor, al contrario, estaba comenzando a sentir una sensualidad que ya creía olvidada con el paso de los años.

Lo que fuera que la estaba drenando de vida también le provocaba sensaciones cada vez mas y mas placenteras, por el rabillo del ojo pudo ver una de sus perras que aterrorizada pasó corriendo rumbo al interior de la cocina.

Ya poco importaba eso y todo lo demás, su vida se estaba yendo junto con su sangre cuando comenzó a experimentar un latido olvidado… un incipiente orgasmo se estaba apoderando de todo su ser… hacía tantos años que no sentía algo así que lo recibió con indecible alegría… la sensación era cada vez mas y mas intensa hasta transformarse en la descarga de placer mas poderosa que hubiera sentido nunca… un interminable torrente de placer.

Cuando estiró finalmente los dedos de los pies, hacia el final de aquel orgasmo increíble, dirigió aun una última mirada a las estrellas que brillaban con una intensidad desconocida allá en lo alto. Y murió.

El viejo jardinero casi tiene un infarto cuando halló el cuerpo de Dora tendido a un metro de la puerta de la cocina revólver en mano, sin saber que hacer, solo atinó a llamar a su hijo, quien acudió de inmediato con la policía.

La autopsia reveló algo que se denunciaba a la simple vista del cadáver y su palidez sobrenatural… no tenía una gota de sangre. La explicación de los peritos fue que la señora mayor se había herido accidentalmente en el cuello de un disparo de su propia arma y que se había desangrado en el piso, la falta de sangre en el suelo hallaba una explicación que era favorecida por el hecho de que junto a la cabeza de la muerta había una alcantarilla de desagüe.

Solo uno de los profesionales que le practicaron la autopsia se mantuvo callado y pidió expresamente hablar con el hijo de la señora.

Luego de una larga charla entre ambos, se arregló que Dora sería cremada ese mismo día, quizá este apuro del profesional hizo dudar un poco al hijo de la señora, pero el ahorro entre gastos de velatorio, ataúd y tumba lo terminaron de convencer; después de todo a su padre también lo habían cremado.

A todos los familiares que fueron a la cremación les extrañó que el forense asistiera personalmente al acto y verificara que se realizara correctamente. Solo cuando las cenizas de Dora fueron entregadas al hijo, se retiró en su auto.

Mientras miraba por el espejo retrovisor el forense agradeció al Cielo haber podido convencer a los deudos de incinerar el cuerpo de la señora mayor… hubiera sido difícil convencer al hijo de enterrar a la madre con una estaca de madera firmemente clavada en el pecho…

la manzana solo vivía ella de manera permanente, pero nunca aceptó; se sentía demasiado a gusto entre sus plantas y sus animales y por cierto no le temblaba el pulso cuando empuñaba el viejo Smith & Wesson del .38 en las noches en que las perras ladraban mas de lo usual, además también tenía una bellísima Beretta .22 que su hermano había dejado en la casa antes de morir, y que ella guardaba en la mesa de luz y usaba para hacer algunos disparos intimidatorios al aire cuando los perros callejeros saqueaban el canasto de la basura…


7 jul. 2009

EL AMOR CORPORIZADO

Era una de esas noches en que uno intuye que nada nuevo puede pasar.

Marcelo estaba recostado en su sofá, mirando por la TV uno de sus programas favoritos.El teléfono de línea comenzó a sonar, estaba tan acostumbrado a la chicharra de su celular que tardó en percatarse que era su teléfono y no en la tele.

Del otro lado, una voz muy dulce pronunció su nombre, solo atinó a preguntar ¿quién eres?, no conocía la vos, ella demoró en contestar y dijo: -“soy tu hija. Mamá me contó la historia de ustedes, de hace diez y ocho años, y que nunca se atrevió a contarte sobre mí.

Argumentó que eras demasiado orgulloso y que no le creerías; no querías compromisos, así que para que te lo iba a contar.

Decidió tenerme y nunca te enteraste, ya que no te vio más, ella solo fue una aventura para ti”

Marcelo quedo anonadado con semejante noticia, su cabeza comenzó a recorrer el tiempo hacia atrás, y entonces la vio en su mente, era Angélica, había venido de un pueblito del interior, y se había deslumbrado con él, eso lo recordaba perfectamente en ese instante, ya que nunca más de le había cruzado por su cabeza luego que ella lo dejara para volver a su pueblo.

Y ahora estaba del otro lado del tubo una personita que tendría diez y siete años reclamando su paternidad.

Se hizo un silencio pesado.

Ella del otro lado preguntó –“¿estás ahí o cortaste del susto?

Tardó en responder, su cabeza giraba alocadamente, como podía pasarle a él un tipo tan piola, que había podido llegar hasta el lugar de privilegio que tenía en la empresa, una vida acomodada, sin problemas, estaba soltero, tenía sus aventuras que solo duraban el tiempo que a él se le ocurriera, era el típico Don Juán, escondiendo detrás de esas conquista a un hombre inmaduro que no se atrevía a enfrentar el compromiso de una familia.

Y ahora esta chiquilla venía a moverle la estantería.

Preguntó por su madre, -“ella ya no está, y como sabía que su corazón estaba muy débil decidió contarme sobre ti, para qué te buscara y no me quedara sola, ya que la familia, la había rechazado por haber tenido y criado una hija siendo soltera, prejuicios de la gente del interior”.

-“Busqué por tu apellido y te encontré, no tienes un apellido común, así que no había dudas de que eras tú.

No sé cómo eres y si quieres conocerme, comprendo que debe ser muy difícil, y podes no creerme, estoy dispuesta a hacerme un ADN para confirmar lo que te digo.

Marcelo estaba perplejo ante la fluidez de palabras que empleaba y los deseos sinceros de encontrarse.

Quedaron el verse al día siguiente, en un bar del barrio,

Parecía que el piso le temblaba, creía estar soñando, lo corroboró dándose un pellizco en el brazo.

Esto era verdad, estaba sucediendo, aquí y ahora.

Hace apenas unos minutos era otra persona, llevaba una vida tranquila sin altibajos.

Se miró al espejo, parecía que era la primera vez que lo hacía, era otra la imagen que le devolvía.

Comprendió que era un hombre mayor, esa era la realidad, tenía que afrontar las consecuencias de sus alocados romances.

No pudo dormir en toda la noche, se preguntaba cómo sería “su hija” no se imaginaba como padre, ¿qué haría si todo esto resultaba cierto?

Su cabeza no dejaba de pensar.

Llegó temprano al bar de la cita, se sentó mirando hacia la puerta, algo en su corazón decía que la reconocería al entrar.

Cuando la puerta se abrió, su corazón comenzó a latir galopadamente, supo que era ella,

Era el Amor corporizado, de hacía diez y ocho años.

FIN

María Rosa

6 jul. 2009

Cumpliendo mi rutina diaria, entrada la tarde llevo de paseo a mis mascotas, dos hermosas rottweillers: Khyra, de casi dos años y Zoe, de siete meses aproximadamente. Las perras infunden mucho respeto y me siento muy resguardada. Tengo además la seguridad que estando con ellas, nadie se atrevería a mirarme y en absoluto exagero, porque entre las dos pesan más o menos cien kilos: por poco duplican mi peso.

Los paseos sirven de adiestramiento para la cachorra, considerando que de igual forma adiestré a la madre y es una perra educada. No obstante, debido a la mala fama que tiene esta raza de perros, la vereda siempre queda a mi entera disposición, porque la gente cuando me ve llegar con semejantes mascotas, de inmediato cruza a la vereda de enfrente.

Nuestro recorrido se desarrolla con absoluta normalidad. Camino lento llevando a cada perra con su cadena y a fin de impedir que tengan impulso para correr, acorto las cadenas que enrosco en mis muñecas. En realidad, ya no sé si las paseo yo o ellas a mí.

Alto... cruza... corre... camina... salta..., son las órdenes que imparto a la disciplinada cachorra y fielmente cumple, lo que me da satisfacción. De pronto sus orejas se paran, así como todo el pelo de su cuerpo y el culpable es un pequeño perro que pasea muy campante a media cuadra de distancia.

Furiosas las perras emprenden la veloz carrera para alcanzarlo y el atónito dueño observa cómo se acercan, conmigo también, pues en contra de mi voluntad estoy siendo arrastrada por mis entrenadas mascotas. En mi caso me encuentro aterrada, porque sé que mis perras están desbocadas y hacen caso omiso a mis órdenes, de detenerse en el acto.

Y mientras mis perras me pasean a su manera, tengo la oportuna idea de arrojarme en un jardín a escasos metros del perrito y evito así el fatal desenlace. Regreso a casa con raspaduras y moretones, pero dando gracias a Dios por no haber encontrado en el camino un árbol o un poste de alumbrado público, porque hubiese sido descuartizada, de la forma más horrenda, por mis fieles y adiestradas mascotas.

De ahora en adelante... las pasearé en mi automóvil.

2 jul. 2009

Los túneles azules:

El traqueteo constante del tren estaba a punto de adormecerme cuando sentí el leve roce en mi pierna derecha. Sin mucha voluntad entreabrí los ojos para enterarme de quién era el pie que se había instalado frente a mi. A veces pienso en los motivos por los cuales las personas somos tan curiosas, y siempre me respondo que de no ser así el hombre no habría llegado a ser el rey de la creación... lo es?.

Realmente de un primer vistazo el pasajero no despertó mi atención, por lo que decidí permanecer en ese estado de sopor que me agrada tanto como el no tener que levantarme de la cama en un día de frío.

Todos los días aprovechaba esa media hora que me regalaba el viaje en tren para sumergirme en el límite que separa el sueño de la vigilia, hermoso momento en el que puedo soñar sin soñar, pensar que sueño o soñar que pienso.

Ese día todo fue diferente.

No podía concentrarme en ningún pensamiento, tenía la molesta sensación que alguien me espiaba, que hurgaba en mi mente, que robaba de mi cerebro los pensamientos que eran solo míos. Verdaderamente irritado abrí los ojos para encontrarme con la visión familiar del interior del vagón; una a una recorrí con la vista las personas que viajaban conmigo... como la molesta sensación no desaparecía, me puse a pensar en ellas.

Dos mujeres mayores, que manejaban los labios y las lenguas en un interminable cotorreo, una mujer joven que llevaba a su hijo (eso pienso que era), como si fuera un prisionero; el pobre chico miraba hacia todas partes como mira un pájaro en su jaula... ansioso de libertad.

En el lado derecho tres conscriptos fumaban con fruición, pensando seguramente en lo bueno que sería ser civil otra vez, desalentándose inmediatamente al recordar que debían volver al cuartel; detrás de ellos dos hombres correctamente vestidos hablaban seguramente de exitosos negocios, de la variación del dólar o en la inflación. En el extremo del vagón tres chicas de guardapolvo y libros deseaban con sus miradas que alguno de los conscriptos se les acercase aunque mas no sea a preguntarles la hora.

Fue entonces que descubrí al hombre que estaba frente a mi.

Al principio lo miré con la cabeza baja, examinando sus zapatos y su pantalón , que si bien eran de buen gusto, no pasaban de ser corte común, ni buenos ni malos... lentamente fui subiendo con la vista y pude ver su saco, del mismo estilo que el pantalón pero de distinto color; y el escudo.

Un pequeño escudo prendía de su solapa izquierda, me concentre en él porque algo en mi cerebro disparó mi atención; era un pentágono formado por una estrella que estaba encerrada en un círculo, y en el centro tenía grabada la cabeza de una serpiente, con los ojos y los colmillos hechos de algún material brillante. Entonces fue cuando llegué a los ojos de aquella persona.

El hombre dejó de mirar por la ventanilla para clavarme esa mirada gélida de las personas escandinavas. Al principio pensé que, por su forma de mirarme, intentaba decirme algo, pero al cabo de un segundo comprobé que no era así y pensé en sostenerle la mirada para ver quien de los dos la bajaba primero.

Lentamente aquellos helados ojos azules fueron venciéndome y de pronto el interior del vagón comenzó a dar vueltas y vueltas, un momento mas y todo era solamente esos ojos... tuve entonces la sensación de estar atravesando un túnel, hacia donde la vorágine de esos ojos me llevaban, de repente tuve visiones de pesadilla imágenes horrorosas de los laberintos infernales a los que aquellos ojos me arrastraban, creí escuchar gritos y lamentos perdidos en el fondo de aquellos túneles azules. El terror me invadía lentamente y todo mi cuerpo quería reaccionar contra aquel tormento, desesperadamente cada fibra de mi ser luchaba por salir de aquellos ojos... finalmente, en un esfuerzo terrible logré levantar mis manos y cubrirme la cara.

El silbato del guarda anunciaba que el tren, que estaba detenido, se encontraba pronto a partir. No recuerdo el nombre de esa estación en la que me bajé, ni porque lo hice.

El tren se alejaba lentamente cuando empecé a caminar por el andén, mientras que con mi pañuelo secaba el sudor frío que empapaba mi nuca y trataba de sacudir fuera de mi el horror que ya nunca me abandonaría. Y que algún día me arrastraría nuevamente a aquellos túneles azules.

Daniel Pratt

La Paloma Herida



Al principio no sintió el estampido, sino como una turbulencia, un roce seco en su ala derecha y un leve desequilibrio. No comprendió lo que pasaba hasta que se vio llegando al suelo. Oyó el ruido del disparo mucho más tarde y nunca supo si fue el de ella o alguno de los que vinieron después, dirigidos a otras bandadas.

Su caída al suelo fue violenta. En su aturdimiento entendió que la había herido un cazador y pensó que iba a morirse en ese mismo momento como había visto muchas veces a otras palomas. Aunque no podía moverse, su instinto le pedía esconderse, protegerse entre la maleza.

Entonces oyó los ladridos de los perros, rabiosos, viniendo en su dirección y se sintió indefensa. La iban a tomar entre sus afilados dientes y terminaría de morir al fin. Angustiada, intentó remontar el vuelo y huir rápidamente de allí pero no podía moverse, sus alas no la obedecían. Esperó lo peor y se despidió de la vida. El pánico se convirtió en una paz fatal, un dejarse hacer ante lo inevitable. Todo se había acabado.

Pero los perros pasaron de largo y sus ladridos se fueron perdiendo a lo lejos. Comprendió que otras muchas palomas que volaban junto a ella habían caído en el ataque y los canes tenían mucho por hacer. Aún aturdida y desconcertada, esperó sin saber cuando sería su final.

La mañana estaba clara y despejada. Cuando despertó había presentido que era el día en que volaría hasta encontrar a su compañero y se sintió dichosa.

Desde días atrás, cuando las madrugadas dejaron de ser tan frías, sentía que debía buscar y encontrar a un bello palomo para hacer su nido, un macho tan fuerte como su padre, que fuese rápido y ágil en su vuelo y certero para encontrar el grano. Aunque su plumaje era blanco, quería un compañero de plumaje azul brillante y que además tuviese en el cuello plumas en forma de anilla de color oscuro. Sus pichones serían su orgullo. Habían salido todas a volar desde temprano con sus risas, jugando a ver quien encontraba el palomo más deseado. Ni ella ni ninguna esperaba lo que pasó.

Urj era una paloma brava delicadamente bella. Sus patas eran menudas y finas y sus alas suaves. Ni siquiera era tan voluminosa como el resto de sus hermanas y amigas. Tenía la cabeza siempre erguida y el cuello terminaba por delante en una elegante mancha roja a la altura del pecho. Además tenía ese brillo especial en los ojos. Había aprendido pronto a volar y a buscarse sola su alimento, fue la primera que dejó el nido, mucho antes que sus hermanos machos. Tenía un don especial para orientarse y encontrar lo que buscaba, más rápida y certeramente que otros palomos y palomas que conocía.

Ahora tenía que encontrar a su macho, tan imponente que fuera la envidia de las demás.

En el silencio del campo, ya pasado el ruidoso alboroto de la cacería, Urj intentaba darse cuenta de cómo se sentía. El aturdimiento pasaba y se despejaba su cabeza. Poco a poco fue desapareciendo el pánico a ser capturada por uno de esos terribles perros que oyó ladrar. Aunque dolorida, se sentía viva. Una pata se había lastimado en la caída y sólo podía moverse torpemente.

¿Qué la había hecho caer? Repasó su cuerpo y lo vio: Había una pequeña mancha oscura y espesa en el suelo bajo su ala y del extremo del plumón caía un fino hilo rojo. Un ala herida. Intentó desplegar el ala y no pudo, no le obedecía. Al intentarlo de nuevo, el dolor le avisó de que tenía el hueso roto.

Era lo peor que le podía pasar. Había visto palomas recuperarse de heridas graves en el pecho y hasta en la cabeza, con patas rotas, con ojos cegados por un tiro o por una pelea a muerte, pero una herida en el ala era dejar de volar para siempre. Era el fin.
Todo se le vino abajo. No volvería a ver a sus padres ni encontrar a su compañero. Iba a morir abandonada allí debajo de ese matorral. Se recostó en el suelo y se preparó para morir.

Un aleteo junto a ella la asustó de pronto. Rom se posó a su lado muy agitada.

- Urj, por fin te encuentro. Ha sido una gran desgracia, muchas de las nuestras han sido muertas por los cazadores. Que suerte que estés viva.

- Estoy herida. Tengo un ala rota y no puedo remontar el vuelo. Ayúdame, por favor.

- Mala cosa. No he visto nunca sobrevivir a una paloma con un ala rota. Lo siento, me gustaría ayudarte pero no puedo. Adiós

Y Rom se fue volando.

Al cabo de un rato, dos palomos machos a los que no conocía se posaron en su matorral. Mientras uno trataba de picarle en la cabeza, el otro comía los pocos granos que había a su alrededor.

- Estoy herida. Ayudadme o dejadme tranquila por favor.

- No podemos ayudarte, nadie puede hacerlo. Nos das lástima, pero te vas a morir y tratamos de aprovecharnos.

Así pasaron por allí muchas palomas, unas conocidas y otras desconocidas. Todas le expresaron su pena por la desgracia y se fueron volando sin ayudarla. Al final del día, cuando ya el manto de la noche se extendió encima de ella y el frío le encogió el ánimo, Urj sintió que la muerte le llegaría esa noche. En su tristeza se quedó dormida, segura de que no se despertaría más.

Y tuvo un sueño.

Soñó con sus padres y sus hermanos y se despidió de ellos. Soñó con su nido y se despidió de él. No consiguió ver entre todos al que iba a ser su palomo. En el sueño vio al Viejo Espíritu, del que su madre le hablaba siempre – Lo llevamos dentro de nosotras, pero hay que encontrarlo, representa a nuestros antepasados y habla sabiamente si sabes escucharlo -, le había dicho.

Lo vio con cara severa y mirándola fijamente le habló en estos términos:

- “ Eres una paloma inteligente y bella. No hay muchas como tú. Tienes que vivir para anidar a muchos pichones sanos y fuertes y si haces lo que debes, no morirás. Te quedarás inmóvil donde estás hasta que llegue el momento. No desfallecerás, tendrás el ánimo alegre y soñarás con tu vida futura.“

“ Cada día que te sientas contenta encontrarás los granos para que te alimentes y yo te espantaré a los visitantes molestos. No escuches a quien te diga que vas a morir. ”

Urj se atrevió a contestar al Viejo Espíritu.

- ¿Pero como podré estar alegre viéndome débil y camino de la muerte?.

- “ Cada mañana al despertar contarás los granos que te he dejado mientras duermes. Dejarás una parte para alguien que vendrá, guardarás otra parte para mañana por si no aparecen nuevos granos y comerás el resto. Al comer te sentirás satisfecha y feliz porque hay alguien que te quiere. “

“ Recordarás a diario a tu padre y a tu madre y pensarás que ellos vivieron sólo para alimentarte y enseñarte a volar. Sentirás que los harás muy felices si vuelves. ”

“Aunque te veas sucia y echada, te sentirás interiormente bella y elegante. Afilarás tus uñas y tu pico contra una piedra y mantendrás tu cabeza erguida. Sentirás que un valiente macho sería feliz de hacer su nido contigo y te sentirás orgullosa de ello.”

“ Pensarás en tus pichones. Tendrás muchos y serán fuertes y rápidos. Vivirás para criarlos hasta que vuelen solos.”

“ No escuches a los que vengan a sentir lástima por ti. Apártalos de ti con violencia.”

“ Te sentirás volando y disfrutarás del placer de planear en las corrientes de aire. Cuando estés dispuesta, intentarás volar. Aunque te caigas, lo volverás a intentar y así hasta que remontes el vuelo. Yo no te avisaré cuando es el momento, tú lo sentirás. No me llames, sólo piensa y haz lo que te he dicho. ”

Cuando despertó, Urj pensó que había tenido un mal sueño por su tragedia, pero comprobó que vivía y a su lado vio un montoncito de grano que no estaba la noche anterior. Su primer movimiento instintivo fue encoger el ala rota y pegarla a su cuerpo. La sangre se había secado y no goteaba, pero le dolía el hueso. Aunque tenía bastante hambre, separó con el pico el montoncito de grano en tres partes y comió sólo una de ellas, sintiéndose satisfecha.

No creía en lo que había soñado pero se sentía a gusto comportándose como si fuese verdad. Se imaginaba que era un juego divertido. Mientras estuviese viva podría pensar en ello.

Al cabo de un rato, una perdiz con un ojo cerrado y hueco vino a comer el montoncito que Urj había apartado. Lo comió en silencio y se marchó volando.

Encontró gratificante la idea de sentirse ayudada por el Viejo Espíritu, del que siempre pensó que existía sólo en los cuentos de su madre. Le confortaba pensar que pudiese ser cierto. Pensaba a diario en sus padres, que la habrían dado por muerta, y deseó volver a verlos.

Poco a poco, casi sin darse cuenta, fue cumpliendo todo lo que había soñado. Nunca estuvo segura de nada, pero una cosa era cierta: cada vez sentía menos que fuera a morirse. Cada mañana aparecía su montón de grano, que ella dividía en tres montoncitos. Con su ala muy pegada al cuerpo, andaba alrededor de su matorral durante horas, no se estaba quieta. Se subía a una piedra y daba saltitos hasta el suelo. Estiraba el cuello y se sentía elegante.

A diario venía algún ave a comer de su grano, desnutridas, heridas, solitarias, tristes, comían y se iban alegremente. Un día vino Rom a comer su montoncito.

- ¿Tú?- dijo Urj- ¿Cómo vienes a comer el grano que guardo para los pájaros y palomas enfermas y heridas?

- Estoy sola y tengo hambre- contestó Rom - No me gusta volar y aquí tengo tu grano fácilmente.

- Pero eres joven y estás sana. Ibas a buscar una pareja y seguramente la tendrás. Ella te ayudará a encontrar grano suficiente.

- Ningún macho me ha merecido – Rom hablaba sin dejar de comer - La mayoría son orgullosos y altivos, se creen más bellos que yo. Comen todo el grano y no me traen bastante. Otros son débiles y torpes, indignos de anidar conmigo. No estoy dispuesta a trabajar para otros. Observo a diario que aquí hay grano suficiente y me quedaré contigo hasta que te mueras.

- No te quiero conmigo ¡Fuera de aquí!- Urj se abalanzó con su pico hacia ella- Has comido hoy el grano y no vuelvas jamás. - Se sorprendió de su propia fuerza y valor. Cuando se dio cuenta, pensó que se había comportado como le había dicho el sueño. Se sintió orgullosa de sí misma.

Un día vino a comer el grano un macho de pluma azul brillante. No tenía heridas y le pareció bien nutrido. Lo observó en silencio mientras comía. Cuando terminó la ración, el palomo se dirigió a ella:

- ¿Qué haces aquí?. Se te ve extraña tan encogida, pero tu aspecto es agradable. Eres una bella paloma.

- Estoy herida, mi ala está rota y no sé aún si moriré aquí mismo. Llevo mucho tiempo en esta situación. Pero mi mente está feliz porque sólo pienso en todo lo bueno que he vivido y en lo que podría ser si volviera a volar. ¿Y tú que haces comiendo aquí? Este grano no parece ser necesario para ti.

- Ciertamente estoy sano y puedo buscar mi propio grano. Pero llevo mucho tiempo observándote extrañado y he venido a averiguar qué te pasa. Tu ala parece algo mermada, pero sana. ¿Has probado a separarla de tu cuerpo?

- No podría, está rota y las alas rotas no se curan, como sabes.

El palomo fue hacia ella y Urj se puso en guardia, abriendo sus defensas. Se sorprendió viendo su ala desplegada y la encogió deprisa. Notó un fuerte dolor.

- ¿Ves?- dijo el macho- Puedes abrir tu ala y seguramente puedes volar. Inténtalo al menos.

- Me duele mucho. No podría mantenerla abierta, me caeré y me mataré. Ya has comido, vete. Adiós.

Pero el macho no se fue. Se acercó y delicadamente separó con su pico el ala rota, comprobando que plegaba y desplegaba en toda su extensión. Urj se resistió, pero al fin se dejó hacer. Al poco, ella movía sola su ala, extendiéndola a lo largo y describiendo círculos al principio cerrados y después más abiertos.

- Creo que podrás. Sigue así y vendré mañana a ver como vas.- El palomo inició su vuelo elegantemente.

No se lo podía creer, a medida que los círculos se fueron haciendo más grandes, Urj se sintió vivir. Ya apenas le dolía y el ala respondía a sus impulsos. ¿Podía ser verdad? Se subió a la piedra y saltó esta vez con las alas desplegadas. Le pareció que el salto era algo más largo que todos los días, pero seguramente era fruto de su imaginación. No podía alegrarse tan pronto. Sabía perfectamente que las alas rotas no se curaban.

Esa noche soñó con el palomo de pluma azul. En sueños le pareció que tenía un anillo oscuro alrededor del cuello

El palomo volvió al día siguiente y todos los días. Saltaba de la piedra junto a ella y la apremiaba a llegar hasta él cuando se colocaba en el suelo a una distancia de ella. Poco a poco los saltos se fueron haciendo más largos.

Tras unos días, Urj se mantenía en el aire apenas unos segundos, que a ella le parecían larguísimos. Le daba vértigo mantenerse en el aire y buscaba el suelo. Le aterraba pensar en volar de nuevo porque se estrellaría.

Pero el día temido llegó. El macho azul brillante le pidió volar hasta el matorral de al lado, salvando muchos metros. Cuando Urj se negó muy asustada, él le ofreció volar junto a ella. Tuvo que recordar todo lo que había soñado para decir que sí.

Cuando subió a la piedra y vio el matorral estuvo segura que era imposible llegar tan lejos. Además tendría que hacer un gran esfuerzo para tomar altura y su ala no respondería. Pero cuando su compañero se colocó junto a ella se sintió capaz y estimulada para saltar.

Levantó la cabeza y miró al matorral. Saltaron y sus alas batieron juntas, rozándose durante el vuelo. Urj tomó tierra a trompicones y hubiese clavado su pico contra el suelo si su compañero no la hubiese parado con su cuerpo. Por un segundo se sintieron en contacto. Urj se ruborizó.

Esa noche se sintió dichosa y plena. No sabía cómo había sido posible pero volaba. Su ala, aún torpemente, le obedecía. Por primera vez se dio cuenta de que si se esforzaba, podría llegar a ver de nuevo a su padre y a su madre e imaginó sus caras si volviera. Recordó su infancia y lloró de emoción.

Cuando el palomo de pluma azul brillante le dijo que se llamaba Gror, le pidió que abandonara definitivamente su matorral y volara con él hasta un árbol cercano, de ramas muy altas. Allí había pasado él su tiempo desde que abandonó su nido en busca de hembra y allí había decidido anidar.

Urj pensó que estaba muy lejos y supondría un esfuerzo importante, pero se sintió valiente. Lo haría en varios saltos.

Estaba llena de vida. Tenía en la mente todo lo que le había dicho en sueños su antepasado y pensó que era una paloma afortunada. Le hablaría a sus pichones del Viejo Espíritu. Se volvió.... y besó al palomo de pluma azul brillante.

¿No han visto nunca besar a una paloma?

Morgan