2 jul. 2009

La Paloma Herida



Al principio no sintió el estampido, sino como una turbulencia, un roce seco en su ala derecha y un leve desequilibrio. No comprendió lo que pasaba hasta que se vio llegando al suelo. Oyó el ruido del disparo mucho más tarde y nunca supo si fue el de ella o alguno de los que vinieron después, dirigidos a otras bandadas.

Su caída al suelo fue violenta. En su aturdimiento entendió que la había herido un cazador y pensó que iba a morirse en ese mismo momento como había visto muchas veces a otras palomas. Aunque no podía moverse, su instinto le pedía esconderse, protegerse entre la maleza.

Entonces oyó los ladridos de los perros, rabiosos, viniendo en su dirección y se sintió indefensa. La iban a tomar entre sus afilados dientes y terminaría de morir al fin. Angustiada, intentó remontar el vuelo y huir rápidamente de allí pero no podía moverse, sus alas no la obedecían. Esperó lo peor y se despidió de la vida. El pánico se convirtió en una paz fatal, un dejarse hacer ante lo inevitable. Todo se había acabado.

Pero los perros pasaron de largo y sus ladridos se fueron perdiendo a lo lejos. Comprendió que otras muchas palomas que volaban junto a ella habían caído en el ataque y los canes tenían mucho por hacer. Aún aturdida y desconcertada, esperó sin saber cuando sería su final.

La mañana estaba clara y despejada. Cuando despertó había presentido que era el día en que volaría hasta encontrar a su compañero y se sintió dichosa.

Desde días atrás, cuando las madrugadas dejaron de ser tan frías, sentía que debía buscar y encontrar a un bello palomo para hacer su nido, un macho tan fuerte como su padre, que fuese rápido y ágil en su vuelo y certero para encontrar el grano. Aunque su plumaje era blanco, quería un compañero de plumaje azul brillante y que además tuviese en el cuello plumas en forma de anilla de color oscuro. Sus pichones serían su orgullo. Habían salido todas a volar desde temprano con sus risas, jugando a ver quien encontraba el palomo más deseado. Ni ella ni ninguna esperaba lo que pasó.

Urj era una paloma brava delicadamente bella. Sus patas eran menudas y finas y sus alas suaves. Ni siquiera era tan voluminosa como el resto de sus hermanas y amigas. Tenía la cabeza siempre erguida y el cuello terminaba por delante en una elegante mancha roja a la altura del pecho. Además tenía ese brillo especial en los ojos. Había aprendido pronto a volar y a buscarse sola su alimento, fue la primera que dejó el nido, mucho antes que sus hermanos machos. Tenía un don especial para orientarse y encontrar lo que buscaba, más rápida y certeramente que otros palomos y palomas que conocía.

Ahora tenía que encontrar a su macho, tan imponente que fuera la envidia de las demás.

En el silencio del campo, ya pasado el ruidoso alboroto de la cacería, Urj intentaba darse cuenta de cómo se sentía. El aturdimiento pasaba y se despejaba su cabeza. Poco a poco fue desapareciendo el pánico a ser capturada por uno de esos terribles perros que oyó ladrar. Aunque dolorida, se sentía viva. Una pata se había lastimado en la caída y sólo podía moverse torpemente.

¿Qué la había hecho caer? Repasó su cuerpo y lo vio: Había una pequeña mancha oscura y espesa en el suelo bajo su ala y del extremo del plumón caía un fino hilo rojo. Un ala herida. Intentó desplegar el ala y no pudo, no le obedecía. Al intentarlo de nuevo, el dolor le avisó de que tenía el hueso roto.

Era lo peor que le podía pasar. Había visto palomas recuperarse de heridas graves en el pecho y hasta en la cabeza, con patas rotas, con ojos cegados por un tiro o por una pelea a muerte, pero una herida en el ala era dejar de volar para siempre. Era el fin.
Todo se le vino abajo. No volvería a ver a sus padres ni encontrar a su compañero. Iba a morir abandonada allí debajo de ese matorral. Se recostó en el suelo y se preparó para morir.

Un aleteo junto a ella la asustó de pronto. Rom se posó a su lado muy agitada.

- Urj, por fin te encuentro. Ha sido una gran desgracia, muchas de las nuestras han sido muertas por los cazadores. Que suerte que estés viva.

- Estoy herida. Tengo un ala rota y no puedo remontar el vuelo. Ayúdame, por favor.

- Mala cosa. No he visto nunca sobrevivir a una paloma con un ala rota. Lo siento, me gustaría ayudarte pero no puedo. Adiós

Y Rom se fue volando.

Al cabo de un rato, dos palomos machos a los que no conocía se posaron en su matorral. Mientras uno trataba de picarle en la cabeza, el otro comía los pocos granos que había a su alrededor.

- Estoy herida. Ayudadme o dejadme tranquila por favor.

- No podemos ayudarte, nadie puede hacerlo. Nos das lástima, pero te vas a morir y tratamos de aprovecharnos.

Así pasaron por allí muchas palomas, unas conocidas y otras desconocidas. Todas le expresaron su pena por la desgracia y se fueron volando sin ayudarla. Al final del día, cuando ya el manto de la noche se extendió encima de ella y el frío le encogió el ánimo, Urj sintió que la muerte le llegaría esa noche. En su tristeza se quedó dormida, segura de que no se despertaría más.

Y tuvo un sueño.

Soñó con sus padres y sus hermanos y se despidió de ellos. Soñó con su nido y se despidió de él. No consiguió ver entre todos al que iba a ser su palomo. En el sueño vio al Viejo Espíritu, del que su madre le hablaba siempre – Lo llevamos dentro de nosotras, pero hay que encontrarlo, representa a nuestros antepasados y habla sabiamente si sabes escucharlo -, le había dicho.

Lo vio con cara severa y mirándola fijamente le habló en estos términos:

- “ Eres una paloma inteligente y bella. No hay muchas como tú. Tienes que vivir para anidar a muchos pichones sanos y fuertes y si haces lo que debes, no morirás. Te quedarás inmóvil donde estás hasta que llegue el momento. No desfallecerás, tendrás el ánimo alegre y soñarás con tu vida futura.“

“ Cada día que te sientas contenta encontrarás los granos para que te alimentes y yo te espantaré a los visitantes molestos. No escuches a quien te diga que vas a morir. ”

Urj se atrevió a contestar al Viejo Espíritu.

- ¿Pero como podré estar alegre viéndome débil y camino de la muerte?.

- “ Cada mañana al despertar contarás los granos que te he dejado mientras duermes. Dejarás una parte para alguien que vendrá, guardarás otra parte para mañana por si no aparecen nuevos granos y comerás el resto. Al comer te sentirás satisfecha y feliz porque hay alguien que te quiere. “

“ Recordarás a diario a tu padre y a tu madre y pensarás que ellos vivieron sólo para alimentarte y enseñarte a volar. Sentirás que los harás muy felices si vuelves. ”

“Aunque te veas sucia y echada, te sentirás interiormente bella y elegante. Afilarás tus uñas y tu pico contra una piedra y mantendrás tu cabeza erguida. Sentirás que un valiente macho sería feliz de hacer su nido contigo y te sentirás orgullosa de ello.”

“ Pensarás en tus pichones. Tendrás muchos y serán fuertes y rápidos. Vivirás para criarlos hasta que vuelen solos.”

“ No escuches a los que vengan a sentir lástima por ti. Apártalos de ti con violencia.”

“ Te sentirás volando y disfrutarás del placer de planear en las corrientes de aire. Cuando estés dispuesta, intentarás volar. Aunque te caigas, lo volverás a intentar y así hasta que remontes el vuelo. Yo no te avisaré cuando es el momento, tú lo sentirás. No me llames, sólo piensa y haz lo que te he dicho. ”

Cuando despertó, Urj pensó que había tenido un mal sueño por su tragedia, pero comprobó que vivía y a su lado vio un montoncito de grano que no estaba la noche anterior. Su primer movimiento instintivo fue encoger el ala rota y pegarla a su cuerpo. La sangre se había secado y no goteaba, pero le dolía el hueso. Aunque tenía bastante hambre, separó con el pico el montoncito de grano en tres partes y comió sólo una de ellas, sintiéndose satisfecha.

No creía en lo que había soñado pero se sentía a gusto comportándose como si fuese verdad. Se imaginaba que era un juego divertido. Mientras estuviese viva podría pensar en ello.

Al cabo de un rato, una perdiz con un ojo cerrado y hueco vino a comer el montoncito que Urj había apartado. Lo comió en silencio y se marchó volando.

Encontró gratificante la idea de sentirse ayudada por el Viejo Espíritu, del que siempre pensó que existía sólo en los cuentos de su madre. Le confortaba pensar que pudiese ser cierto. Pensaba a diario en sus padres, que la habrían dado por muerta, y deseó volver a verlos.

Poco a poco, casi sin darse cuenta, fue cumpliendo todo lo que había soñado. Nunca estuvo segura de nada, pero una cosa era cierta: cada vez sentía menos que fuera a morirse. Cada mañana aparecía su montón de grano, que ella dividía en tres montoncitos. Con su ala muy pegada al cuerpo, andaba alrededor de su matorral durante horas, no se estaba quieta. Se subía a una piedra y daba saltitos hasta el suelo. Estiraba el cuello y se sentía elegante.

A diario venía algún ave a comer de su grano, desnutridas, heridas, solitarias, tristes, comían y se iban alegremente. Un día vino Rom a comer su montoncito.

- ¿Tú?- dijo Urj- ¿Cómo vienes a comer el grano que guardo para los pájaros y palomas enfermas y heridas?

- Estoy sola y tengo hambre- contestó Rom - No me gusta volar y aquí tengo tu grano fácilmente.

- Pero eres joven y estás sana. Ibas a buscar una pareja y seguramente la tendrás. Ella te ayudará a encontrar grano suficiente.

- Ningún macho me ha merecido – Rom hablaba sin dejar de comer - La mayoría son orgullosos y altivos, se creen más bellos que yo. Comen todo el grano y no me traen bastante. Otros son débiles y torpes, indignos de anidar conmigo. No estoy dispuesta a trabajar para otros. Observo a diario que aquí hay grano suficiente y me quedaré contigo hasta que te mueras.

- No te quiero conmigo ¡Fuera de aquí!- Urj se abalanzó con su pico hacia ella- Has comido hoy el grano y no vuelvas jamás. - Se sorprendió de su propia fuerza y valor. Cuando se dio cuenta, pensó que se había comportado como le había dicho el sueño. Se sintió orgullosa de sí misma.

Un día vino a comer el grano un macho de pluma azul brillante. No tenía heridas y le pareció bien nutrido. Lo observó en silencio mientras comía. Cuando terminó la ración, el palomo se dirigió a ella:

- ¿Qué haces aquí?. Se te ve extraña tan encogida, pero tu aspecto es agradable. Eres una bella paloma.

- Estoy herida, mi ala está rota y no sé aún si moriré aquí mismo. Llevo mucho tiempo en esta situación. Pero mi mente está feliz porque sólo pienso en todo lo bueno que he vivido y en lo que podría ser si volviera a volar. ¿Y tú que haces comiendo aquí? Este grano no parece ser necesario para ti.

- Ciertamente estoy sano y puedo buscar mi propio grano. Pero llevo mucho tiempo observándote extrañado y he venido a averiguar qué te pasa. Tu ala parece algo mermada, pero sana. ¿Has probado a separarla de tu cuerpo?

- No podría, está rota y las alas rotas no se curan, como sabes.

El palomo fue hacia ella y Urj se puso en guardia, abriendo sus defensas. Se sorprendió viendo su ala desplegada y la encogió deprisa. Notó un fuerte dolor.

- ¿Ves?- dijo el macho- Puedes abrir tu ala y seguramente puedes volar. Inténtalo al menos.

- Me duele mucho. No podría mantenerla abierta, me caeré y me mataré. Ya has comido, vete. Adiós.

Pero el macho no se fue. Se acercó y delicadamente separó con su pico el ala rota, comprobando que plegaba y desplegaba en toda su extensión. Urj se resistió, pero al fin se dejó hacer. Al poco, ella movía sola su ala, extendiéndola a lo largo y describiendo círculos al principio cerrados y después más abiertos.

- Creo que podrás. Sigue así y vendré mañana a ver como vas.- El palomo inició su vuelo elegantemente.

No se lo podía creer, a medida que los círculos se fueron haciendo más grandes, Urj se sintió vivir. Ya apenas le dolía y el ala respondía a sus impulsos. ¿Podía ser verdad? Se subió a la piedra y saltó esta vez con las alas desplegadas. Le pareció que el salto era algo más largo que todos los días, pero seguramente era fruto de su imaginación. No podía alegrarse tan pronto. Sabía perfectamente que las alas rotas no se curaban.

Esa noche soñó con el palomo de pluma azul. En sueños le pareció que tenía un anillo oscuro alrededor del cuello

El palomo volvió al día siguiente y todos los días. Saltaba de la piedra junto a ella y la apremiaba a llegar hasta él cuando se colocaba en el suelo a una distancia de ella. Poco a poco los saltos se fueron haciendo más largos.

Tras unos días, Urj se mantenía en el aire apenas unos segundos, que a ella le parecían larguísimos. Le daba vértigo mantenerse en el aire y buscaba el suelo. Le aterraba pensar en volar de nuevo porque se estrellaría.

Pero el día temido llegó. El macho azul brillante le pidió volar hasta el matorral de al lado, salvando muchos metros. Cuando Urj se negó muy asustada, él le ofreció volar junto a ella. Tuvo que recordar todo lo que había soñado para decir que sí.

Cuando subió a la piedra y vio el matorral estuvo segura que era imposible llegar tan lejos. Además tendría que hacer un gran esfuerzo para tomar altura y su ala no respondería. Pero cuando su compañero se colocó junto a ella se sintió capaz y estimulada para saltar.

Levantó la cabeza y miró al matorral. Saltaron y sus alas batieron juntas, rozándose durante el vuelo. Urj tomó tierra a trompicones y hubiese clavado su pico contra el suelo si su compañero no la hubiese parado con su cuerpo. Por un segundo se sintieron en contacto. Urj se ruborizó.

Esa noche se sintió dichosa y plena. No sabía cómo había sido posible pero volaba. Su ala, aún torpemente, le obedecía. Por primera vez se dio cuenta de que si se esforzaba, podría llegar a ver de nuevo a su padre y a su madre e imaginó sus caras si volviera. Recordó su infancia y lloró de emoción.

Cuando el palomo de pluma azul brillante le dijo que se llamaba Gror, le pidió que abandonara definitivamente su matorral y volara con él hasta un árbol cercano, de ramas muy altas. Allí había pasado él su tiempo desde que abandonó su nido en busca de hembra y allí había decidido anidar.

Urj pensó que estaba muy lejos y supondría un esfuerzo importante, pero se sintió valiente. Lo haría en varios saltos.

Estaba llena de vida. Tenía en la mente todo lo que le había dicho en sueños su antepasado y pensó que era una paloma afortunada. Le hablaría a sus pichones del Viejo Espíritu. Se volvió.... y besó al palomo de pluma azul brillante.

¿No han visto nunca besar a una paloma?

Morgan