6 jul. 2009

Cumpliendo mi rutina diaria, entrada la tarde llevo de paseo a mis mascotas, dos hermosas rottweillers: Khyra, de casi dos años y Zoe, de siete meses aproximadamente. Las perras infunden mucho respeto y me siento muy resguardada. Tengo además la seguridad que estando con ellas, nadie se atrevería a mirarme y en absoluto exagero, porque entre las dos pesan más o menos cien kilos: por poco duplican mi peso.

Los paseos sirven de adiestramiento para la cachorra, considerando que de igual forma adiestré a la madre y es una perra educada. No obstante, debido a la mala fama que tiene esta raza de perros, la vereda siempre queda a mi entera disposición, porque la gente cuando me ve llegar con semejantes mascotas, de inmediato cruza a la vereda de enfrente.

Nuestro recorrido se desarrolla con absoluta normalidad. Camino lento llevando a cada perra con su cadena y a fin de impedir que tengan impulso para correr, acorto las cadenas que enrosco en mis muñecas. En realidad, ya no sé si las paseo yo o ellas a mí.

Alto... cruza... corre... camina... salta..., son las órdenes que imparto a la disciplinada cachorra y fielmente cumple, lo que me da satisfacción. De pronto sus orejas se paran, así como todo el pelo de su cuerpo y el culpable es un pequeño perro que pasea muy campante a media cuadra de distancia.

Furiosas las perras emprenden la veloz carrera para alcanzarlo y el atónito dueño observa cómo se acercan, conmigo también, pues en contra de mi voluntad estoy siendo arrastrada por mis entrenadas mascotas. En mi caso me encuentro aterrada, porque sé que mis perras están desbocadas y hacen caso omiso a mis órdenes, de detenerse en el acto.

Y mientras mis perras me pasean a su manera, tengo la oportuna idea de arrojarme en un jardín a escasos metros del perrito y evito así el fatal desenlace. Regreso a casa con raspaduras y moretones, pero dando gracias a Dios por no haber encontrado en el camino un árbol o un poste de alumbrado público, porque hubiese sido descuartizada, de la forma más horrenda, por mis fieles y adiestradas mascotas.

De ahora en adelante... las pasearé en mi automóvil.