2 may. 2011

EN EL LUGAR DE LOS OTROS



Elvira venía de dejar a la niña en el colegio cuando se encontró con la mamá de una de las compañeritas de su hija.
En vista de que estaba enterada de que el marido de aquella se encontraba internado por problemas de salud, luego de saludarla le preguntó como seguía éste.
La mujer le dijo - mal, murió ayer - obviamente ésta se encontraba en estado de shock ya que no se notaba su dolor.
Al ser algo muy reciente todavía no había caído ante la magnitud de los sucedido, además de que precisamente iba a buscar a sus hijos al colegio y seguramente quería mostrar ante ellos su mejor semblante.
Elvira quedó cortada, sólo atinó a abrazar de inmediato a la mujer y expresarle sus condolencias y ponerse a la orden ante lo que necesitara, en realidad no sabía que decirle, no existían las palabras.
Cuando se despidió de la reciente viuda, todo el peso de la angustia se instaló en su pecho.
Camino a su casa recordó su propia experiencia hacía ya 10 años, a raíz de la muerte del padre de su hijo mayor, cuando el niño contaba con tan solo 2 años.
El día de Elvira cambió, se tornó opresivo, angustiante, el dolor que sentía dentro era enorme, pesado y viejo.
Si bien había rehecho su vida y se había casado, parecía que el tema de la muerte de ése ser tan querido, fallecido hacía ya bastante tiempo, era un tema no resuelto ó sencillamente había asimilado todo el dolor de la madre de la compañerita de su hija pequeña.
A la noche, cuando llegó su esposo, comenzó a comentarle lo que había ocurrido y no pudo evitar dar, por fin, rienda suelta a el llanto que había estado conteniendo durante todo el día.
Su marido, preocupado, le pregunta porqué se pone así, ella sólo llora y apenas puede articular palabra -Me puse en su lugar y sentí su dolor y me vi a mí misma cuando a mí también me pasó y me dolió por ella y por sus hijos, me dio tanta pena, me dolió tanto...


Abril 2010
Patricia O. (Patokata)