15 feb. 2011

TENGO UN PATIO MUY GRANDE

La casa es pequeña y sombreada y es que sin la sombra la pasaría
realmente muy mal. Aquí lo que más abunda es el sol.

No tengo jardín aunque mirando a lo lejos se divisan algunas palmeras. No
me puedo acercar mucho a ellas porque el sol calienta la arena que piso
y con ello corro gran peligro recorriendo la distancia entre el lugar donde
me oculto…perdón, la casita que habito y aquellas distantes palmeras.

No sé porque mucha gente dice que no les gusta mi casa y el lugar
donde vivo. Yo no le critico a nadie el lugar donde han hecho su casa, el
vecindario donde se cría o el clima que soporta. Cada uno tiene lo que le
corresponde y debe mostrarse agradecido.

Aquí, las noches son frescas y el cielo es el más bonito que haya yo podido
alguna vez ver. Como no hay casas, ni calles, ni centros comerciales
con luces blancas, amarillas o de colores, puedo elevar la mirada y
encontrarme con la inmensidad del cielo y la infinidad de estrellas todas
resplandeciendo al mismo tiempo. Qué bonito es el cielo del lugar donde
vivo!

En el día y como mi piel es muy delicada, prefiero escaparme del sol.
Me han dicho mis amigos, que viven en la ciudad, que serían felices aquí
bronceándose la piel en el invierno lo mismo que en el verano porque
sol es lo que más hay por aquí. Lo malo es que no les puedo ofrecer una
piscina. Casi no hay agua.

Las bebidas están siempre tibias lo mismo que la sopa y el helado porque
sol es lo que más hay por aquí y con el sol mucho calor.

Mi tía Maruja me ha mandado de España un abanico muy lindo y rosado;
tiene una estampa de una maja de peineta de nácar en un lado y en el
otro lado un toro, un toro que parce igual al que está en la etiqueta de la
botella que guarda Pepe en su alacena. El abanico me ayuda a soportar el
calor y me da un toque de… chica fina.

Cuando sea grande, bueno, cuando tenga más edad, pienso tomar unas
vacaciones. Pienso ir a Costa Rica. Allí tengo primas casi por todo el país,

desde el Caribe que dicen que es muy verde y donde llueve mucho hasta
el Pacífico donde están las mejores playas. Mis primas llevan una vida muy
a gusto por el clima, la lluvia y el agua.

Para viajar tendré que caminar hasta las palmeras y de allí a la ciudad
y en la ciudad tomar un avión que me lleve primero donde mi tía la del
abanico, hacer una parada corta, unos callos, unos churros y una copita de
jerez y luego donde las primas.

A mí me gusta donde vivo. Este es mi hogar y lo quiero a pesar de
las incomodidades: las verdes y frescas palmeras tan distantes, el sol
abrasador, la fina y ardiente arena y sobretodo muy poca agua.

Qué más podría pedir una guapa lagartija como yo? No ocupo mucho
espacio en mi cueva, duermo de día y exploro en las estrelladas noches,
no preciso mucha agua y los helados engordan por eso los evito, no tengo
piscina pero tampoco amigos interesados. Esto también es vida. Eso sí, el
whisky en las rocas, en las rocas grises frente a la casa!

Luis Carlos Palazuelos