27 nov. 2009

El Zippo

Era completamente imprescindible que Carlos cogiera ese avión. Nada debía impedírselo, su futuro dependía de ello. Por eso, cuando descubrió que había olvidado el mechero en la cafetería del aeropuerto, decidió darlo por perdido y no retroceder a recogerlo.
Carlos subió a tiempo al avión. Guardó su equipaje de mano, se sentó en su asiento y comenzó a llorar. Acababa de perder su más querida pertenencia, su mechero, un Zippo plateado con sus iniciales grabadas y ligeramente rayado en su parte posterior. No era un objeto especialmente valioso, pero era el único recuerdo que le quedaba de su padre. Se lo había regalado hacía quince años.
Cuando aquel señor calvo se sentó a su lado, Carlos reprimió sus lágrimas e intentó disimular tapando su cara con un periódico.
El avión despegó dando bandazos y tomó rumbo a Oslo.
Carlos iba excepcionalmente elegante. Se había gastado una pequeña fortuna en su ropa. Llevaba un traje a medida de raya diplomática con chaleco a juego, camisa azul cien por cien algodón, cinturón negro de piel, corbata granate de seda china, gemelos de plata, y unos carísimos zapatos italianos en los que podía ver reflejada su cara.
Repasar su vestimenta le hizo olvidar por un momento el disgusto de haber perdido su zippo. En su vida había estado tan elegante. Así vestido se veía capaz de cualquier cosa, con ese traje podía merendarse el mundo a bocados, y, desde luego, iba a deslumbrar en su entrevista de trabajo en Oslo.
Nada podía fallar. En unas horas conocería a su futuro jefe, y le seduciría con su dominio del sector y las nuevas ideas que tenía para la empresa. Entonces, cuando llamara a su madre para decirle que su sueño se había cumplido y su hijo ya era una persona rica e importante, la perdida de su viejo mechero sólo sería un amargo recuerdo que apenas empañaría el mejor día de su vida.
Carlos se dejó absorber por esos pensamientos, y en pocos minutos se sumió en un sueño profundo.
De repente, notó un fuerte tirón en su oreja derecha y abrió los ojos asustado.

- ¿Qué has hecho con mi mechero, desgraciado?, oyó que le decían.

Al volverse vio a su padre sentado en el asiento contiguo.

- Era el único que recuerdo que te quedaba de mí, ¿tanto te costaba cuidarlo?
- ¿Qué hace aquí, padre?, usted está muerto, le respondió Carlos.
- Claro que lo estoy, y me alegro de estarlo para no poder ver como sigues echando tu vida a perder.
- Eso no es cierto padre. En unas horas todo habrá cambiado para mí. Voy a llegar donde usted no pudo. Voy a triunfar, y tendrá que estar orgulloso de mí.
- Siempre con tus planes fantásticos. Nunca has tenido los pies en la tierra, por eso no has llegado a nada. Volverás a fracasar, como has hecho siempre, y habrás perdido mi mechero para nada.
- Eso no es justo, padre. Me merezco esta oportunidad. Debería apoyarme.
- Has perdido mi mechero, chico. Sin él no eres nada. Sin mí no eres nada.

Turbulencias. El avión dio unas fuertes sacudidas que despertaron a Carlos.
Estaba empapado en sudor, pálido y con las manos temblorosas. Su padre le había aterrorizado en vida, y acababa de descubrir que después de su muerte seguía teniendo el mismo poder sobre él.
Se levantó de su asiento y, procurando no despertar al hombre calvo de su lado, salió al pasillo del avión y se dirigió al aseo. Una vez allí, se lavó la cara e intentó calmarse. Sólo había sido un sueño, un estúpido sueño. No debía preocuparse. Esta vez saldría todo bien. Esta vez lo lograría, triunfaría, y así haría que la siniestra sombra de su padre desapareciera de su vida.
Carlos pensó entonces que la pérdida de su mechero había sido una señal. Se había deshecho, tal vez inconscientemente, del último lazo que le unía a su padre, y eso le permitiría romper sus cadenas y avanzar al fin. Todo ha sido para bien, se dijo mientras salía del aseo.
Al llegar a su asiento, vio un pequeño objeto plateado en el suelo. Se agachó a recogerlo, y cuando ya lo tenía a su alcance, apareció una mano y se hizo con él.

- Se me ha debido caer mientras dormía, dijo el dueño de la mano.
- OK, no se preocupe, sólo se lo iba a alcanzar, le respondió Carlos.

Al levantar la vista, vio que quien le hablaba era su compañero de asiento, y descubrió con asombro el objeto que tenía en sus manos.

- ¿Le gusta?, es un Zippo precioso, ¿verdad?
- Ssssi, acertó a responder Carlos con un nudo en la garganta.
- Me lo regaló mi mujer en nuestro aniversario, dijo el caballero.

Carlos se sentó en su sitio, aún más pálido que cuando se levantó. Maldito bastardo mentiroso, pensó. Es el mechero de mi padre.

Carlos intentó no pensar más en el mechero, a fin de cuentas, ya lo había dado por perdido, y hasta se había alegrado de perderlo. Pensó que lo mejor sería dejarlo pasar y desear que a aquel desgraciado ladrón le trajera la misma perra suerte que a él. No merecía la pena comenzar una discusión en medio del avión sobre quien era el dueño del maldito trasto. Era su palabra contra la de del otro. Sólo conseguiría ponerse en evidencia delante de todo el mundo.
Carlos cerró los ojos y trató de volver a dormir.

- Siempre has sido un mierda, hijo mío.
- ¿Otra vez padre?, ¿no voy a poder perderle de vista nunca?
- ¿Es así como te he enseñado a comportarte? En esta vida solo hay dos clases de hombres: Yo era de los cogían lo que querían, y tu, tu eres de la otra clase, eres un mierda, siempre lo has sido.
- Por favor padre, déjeme en paz.
- ¿Recuerdas el día que te lo regalé?
- Por favor, no me torture más con esto.
- Claro que lo recuerdas. Fue el día que te pillé fumando a escondidas en el desván. Me sentí tan orgulloso de ti. Ya eras todo un hombre. Esa tarde bajé corriendo a la calle y te compré el mechero. Hice que grabaran tus iniciales. ¿Lo recuerdas?
- Si padre, claro que lo recuerdo. Fue el día más feliz de mi vida. Mi Zippo fue el primer regalo que me hizo, el primero y el último.
- Lo se. Desgraciadamente nunca me volviste a hacer sentir tan orgulloso como ese día. Nunca has vuelto a merecerte otro regalo.
- Eso es muy cruel. Yo soy su hijo. Debería quererme.
- ¿Acaso lo has merecido?, ni siquiera eres capaz de conservar mi regalo. No tienes cojones para luchar por lo que es tuyo. Alguien así no se puede ganar ni mi respeto ni mi amor.
- ¿Y que puedo hacer, padre? Ese hombre lo encontró. Ahora es suyo.
- Quítaselo. Si quieres ganarte mi respeto debes recuperarlo como sea.
- Pero, padre…
- Yo ya no soy tu padre, no lo seré más hasta que te lo hayas ganado.

Queridos pasajeros, el capitán y toda la tripulación esperan que hayan tenido un agradable vuelo y les desean una feliz estancia en Oslo.

Al abrir los ojos, Carlos pudo ver como su compañero de asiento se levantaba a recoger su equipaje de mano.
Tengo que recuperarlo, tengo que conseguir mi mechero como sea, pensó. El bastardo de mi padre tiene razón. No puedo dejarme pisotear. Debo recuperar lo que es mío.
Cuando salieron del avión, Carlos siguió al hombre calvo por la terminal buscando el mejor momento para abordarle.

- Espero que esta vez no me defraudes hijo, resonó la voz de su padre en su cerebro.
- No se preocupe, padre. Lo voy a hacer. Sólo estoy buscando el mejor momento. No quiero que haya gente alrededor.
- Eres un cobarde, ¿Qué te importa si alguien te ve comportándote como un hombre?
- Déjeme padre, ahora lo haré.

El hombre calvo entró al aseo, Carlos lo siguió, y, después de asegurarse de que no había nadie más allí, le espetó:

- Oiga, ese mechero que lleva es mío. Lo perdí en el aeropuerto de Madrid. Debe devolvérmelo.
- ¿Pero que dice?, este mechero lleva conmigo cinco años. Me lo regaló mi mujer en nuestro ani…
- Déjese de mentiras, le interrumpió Carlos. Ese Zippo es mío y quiero que me lo devuelva ya.
- Usted esta loco, márchese o llamo a la policía.

Al ver que el hombre calvo intentaba huir, Carlos lo cogió del cuello e intentó tirarle al suelo. El hombre era menudo, pero se resistió con fiereza lanzando golpes hacia su cara. Intentando evitar esos golpes, Carlos lo empujó contra el lavabo. El hombre tropezó y calló al suelo de espaldas. Carlos escuchó un crujido cuando la cabeza del hombre chocó contra la loza.

Dios mío que he hecho, pensó Carlos mientras intentaba sin éxito encontrarle pulso al hombre.

- Has hecho lo que debías hijo, has luchado por lo que es tuyo. Y has ganado. No te creía capaz, pero lo has hecho. Ahora coge tu mechero.

Carlos rebuscó entre los bolsillos del hombre, y al fin lo encontró. Se lo guardó de prisa y salió del aseo.
Cruzó el aeropuerto a todo correr ante las perplejas miradas de la gente, y llegó hasta la parada de taxis.

- Take me to the Grand Hotel Oslo, please.
- Ok, let's go.

Durante el camino a su hotel, Carlos no habló con el taxista. Se quedó absorto, mirando por la ventanilla del coche y pensando en lo que acababa de pasar.
A mitad del recorrido, sacó el mechero de su bolsillo y se puso a jugar con él. Lo abrió y lo cerró varias veces. Admiró el grabado con sus iniciales, y lo giró hacía todos sus lados, para volver a disfrutar con los juegos de brillos y reflejos que ofrecía. De repente, estalló en una risa histérica. En la parte posterior de su Zippo ya no estaban las marcas de ralladuras que su viejo mechero tenía. Volvió a girarlo, y mientras observaba atentamente el grabado en el metal, intentó calcular las probabilidades de que a alguien con sus mismas iniciales, le hubieran regalado un zippo exactamente igual al suyo, y que además, esa hipotética persona y él hubieran cruzado sus caminos de la extraña forma en que lo habían hecho.

- No intentes calcularlo, hijo. Siempre fuiste muy malo para las matemáticas. Lo importante es que ya tienes lo que es tuyo.
- Si papá, ya lo tengo.
- Estoy orgulloso de ti, hijo mío.
- Gracias, papá. ¿No te importa que este no sea realmente tu mechero?
- Eso da lo mismo. Has hecho lo que debías, y eso es lo primordial. Además nadie sería capaz de distinguir uno de otro, ¿verdad?


Héctor Gomis
http://uncuentoalasemana.blogspot.com

14 nov. 2009

DE VEZ EN CUANDO LA VIDA


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Definitivamente era un personaje extraño…

Nadie podía recordar cuando había llegado allí, pero desde el principio despertó las suspicacias de los vecinos

Era un barrio marginal de Madrid y ella había ocupado una casa que estaba vacía, la veían entrar y salir siempre sin hablar con nadie, y siempre acompañada por dos extraños objetos, un anillo de plata con forma de calavera, y un dedal con forma de gato ya descolorido por el paso de los años y con un escudo de Don Quijote …jamás se separaba de esos objetos, y todos se preguntaban para que llevaba puesto siempre ese dedal en el dedo corazón de su mano derecha, si era evidente que no era costurera.

¿¿Qué oscuros secretos escondía?? ¿¿De donde había salido y de que podía huir??, por que lo que estaba claro para todos es que se escondía de algo o de alguien, quizás era una asesina …¡¡¡si era posible que hubiese asesinado a su marido si alguna vez había estado casada y a sus hijos!! Eso podía explicar su extraño comportamiento, su contestación cuando alguien la daba los buenos días, y ella contestaba algo inteligible y con una mirada que parecía perdida…. No, estaba claro que no se podía confiar en ella y desde luego había que mantener a los niños vigilados cuando merodeaba la zona…por si acaso.

Volvía casi siempre cuando caía la tarde y se encerraba en aquella casa, que no tenia ni luz , al haberla ocupado de forma ilegal no podía solicitar el servicio eléctrico…

Pero cuando cerraba la puerta, nadie podía siquiera sospechar que pasaba dentro de la casa…

En realidad se sentaba en un sillón desvencijado que había encontrado en la basura, al igual que los pocos muebles que poseía, al menos disponía de agua corriente que la permitía asearse y cocinar, podía mantenerse por una pequeña pensión que la había quedado después de muchos años de servicio en un organismo publico y que un buen día había abandonado después de no poder superar los acontecimientos que la habían llevado a esa situación.

Sabía las suspicacias que despertaba en su vecindario, pero hacia muchos años eso había dejado de importarle, igual la había pasado con todos los que alguna vez habían sido sus amigos o conocidos que cansados de ver como cada vez mas se aislaba de ellos habían terminado por ignorarla, definitivamente no la importaba lo mas mínimo lo que decían, pensaban o creían acerca de su persona,

Ella se sentaba en su sillón mirando por la ventana sin ser vista y acariciaba el dedo corazón de su mano derecha como un ritual hasta que la vencía el sueño, noche tras noche… mientras lo hacia su mente volaba, y sus fantasmas se acomodaban con ella, para que no olvidara, era el precio que había decidido pagar, no olvidar…

Si, no olvidar…no debía hacerlo, quizás así algún día obtendría la respuesta de porque había pasado…de porque estaba allí.

En efecto había tenido una familia, pero después de soportar muchos sinsabores decidió acabar con su matrimonio, eso había arrastrado a sus hijos poco tiempo después y su vida colapso, fue un proceso lento pero inexorable, poco a poco había ido alejándose del mundo hasta quedar totalmente aislada, fue en ese momento cuando decidió huir había oído de ese barrio y sabia que había casas vacías, una noche llego forzó la puerta y se instalo, en sus rondas había encontrado en las basuras muebles que aun estaban en buen estado y como pudo los había trasladado, en su juventud también lo había hecho, cuando se comienza con ilusión pero con pocos medios económicos las rondas para buscar lo que otros desechan es una maravillosa aventura… pero sin duda esta vez lo hacia desde otra perspectiva, la de la necesidad.

Acariciaba su dedo corazón otra vez, daba vueltas al anillo con forma de calavera… ese anillo era un regalo de su hijo, ella se lo pidió cuando por primera vez después de un año de tener que verlo a escondidas, había podido acercarse a el, si, lo veía a escondidas, de lejos para que no se diera cuenta, y volvía siempre con un nudo en la garganta… al menos sabia que estaba bien, y eso a pesar de su pena la tranquilizaba, pero nunca se lo quitaba desde entonces, al igual que un dedal con forma de gato, dos pequeños objetos que eran toda su riqueza…

El dedal se lo había regalado el que fue su gran amigo y padre de su hijo mayor unos meses antes de morir, la forma de gato no era casual, al elegir en una tienda de la plaza mayor de Madrid donde vendían souvenir a los turistas, en uno de sus interminables paseos cuando volvían del hospital donde ella lo acompañaba cada semana en sus últimos meses de vida, estaban expuestos muchos de esos pequeños objetos y como ambos amaban a los gatos buscaron entre todos si alguno tenia esa forma y si ¡¡encontraron uno!!, el escudo con la imagen del Quijote carecía de sentido para ser un recuerdo de Madrid, algo que les había causado mucha gracia, pero el se lo regalo de todas maneras, ya estaba descolorido por el paso de los años, pero igualmente era de un inapreciable valor sentimental

Ya empezaba a vencerla el sueño, era hora de ir a su catre y mañana repetir la rutina de sus últimos años, levantarse asearse, salir y tomar café en algún bar cercano y tomar el tren para recorrer una y otra vez todas las zonas donde había vivido, después regresar saberse observada por sus vecinos, sentarse en su sillón desvencijado y acariciar sus joyas mientras esperaba el sueño, alguien a puesto un disco de Serrat, de vez en cuando la vida, nos gasta una broma, y nos despertamos sin saber que pasa, chupando un palo sentados sobre una calabaza…



CENICIENTA

LOLY

lolylolyloly@gmail.com

13 nov. 2009

Marcada por el acecho de un delirante.



El acecho de un delirante

Cuando decidimos terminar con una relación de años, porque vemos que se ha trasformado en una pesadilla, porque nos va anulando, porque hasta el alma nos la deja vacía, porque el amor salio huyendo, porque aquel jardín de rosas se convirtió en un desierto, porque las caricias y las palabras de amor que recibías fueron sustituidas por insultos y maltratos. Porque aquel ser maravilloso que te enamoro, conquisto y te quito hasta el aliento con su amor, se convirtió en un loco manipulador, egoísta, ego- centrista y delirante…


Lo primero que se piensa es que al colocar punto final a esa relación se terminara la pesadilla y ya no tendrás que soportar más todas aquellas cosas y que lograras liberarte de aquel ser que te atormenta y te hace daño. Que es un hasta aquí llegue, que los caminos se separan y cada quien con su vida...


Que puedes rehacer tu vida, que puedes encontrar nuevamente el amor, que puedes comenzar una vida nueva. que puedes ser feliz por fin, pero Parece que no es así, tú vida se vuelve un lío. Y solo te queda refugiarte en tus sueños e ilusiones, porque no te atreves a exponer a nadie, porque no soportarías y no te parece justo que alguien sufriera por ti. Pareciera que el amor, la felicidad y el derecho a una nueva vida estuvieran vetados para ti.


Porque la realidad es otra en la mayoría de los casos, después de años de haber terminado con aquella relación, sigues cargando acuesta con la sombra de aquel delirante, que sigue acechando y tratando de hacer daño con más ahínco que nunca, llevado por la ira, la furia y la frustración, como un animal salvaje porque no soporta que hayas sido tú, quien lo haya dejado.

¿Será que nos volvemos cobardes? o ¿el miedo nos paraliza?

D/A
María Jiménez V.

4 nov. 2009

EXORCISMO


Esta es mi familia y este payaso me quiere venir a echar.
¡¡¡Son míos!!! Es mi familia, no voy a dejarlos, sin ellos me encontraría solo.
No sé por que vinieron a este lugar a expulsarme. Ni siquiera es su iglesia.
¡¡¡Me quieren atar ahora!!! No se los voy a permitir, no quiero dejar a mi familia. Menos porque este gil me obligue.
¡¡¡La Puta madre!!! Me están atando. ¿Que hacen que nadie viene en mi auxilio? ¿Porque no me defienden?
He estado con ellos desde hace generaciones y ahora quieren alejarme...

Martín no podía seguir mirando. No sabia si estaba bien o mal lo que estaba pasando. Se habían acercado a la iglesia evangélica del pueblo para dar consuelo a su abuelo. El cáncer de pulmón lo estaba consumiendo y toda la familia estaba de acuerdo en buscar toda la ayuda necesaria. Él nunca había estado muy convencido. Era LEAL. No fiel, leal. Era católico y no veía con buenos ojos la visita al templo. Era como traicionar a SU Dios.
Salieron temprano. Laurita, su prima, Esteban su papá, la Abuela Nélida y el abuelo Félix. Cuando llegaron ya estaba el Pastor esperándolos. Acercaron la silla de ruedas al altar y el hombre empezó a hablar con el abuelo. A Martín no le gustaba nada que mientras el abuelo descargaba su alma, el tipo ese mirase de reojo a su papá y después a él. El abuelo se agitaba con facilidad. Estuvo hablando unos diez minutos y tuvo que parar a descansar. Entonces, el Pastor, Ricardo se llamaba, empezó a hacer preguntas sobre la familia. Hacia hincapié en los hombres de la familia.
La historia de los hombres de esta familia no era del todo feliz. Todo lo contrario. La muerte prematura era una constante. Accidentes automovilísticos. Caídas. Enfermedades. Un tío abuelo de Martín había contraído hanta virus. Trabajaba en una oficina como contador. Un día su secretaria había faltado y él había bajado al deposito en busca de un bibliorato. En diez días había muerto en medio de una dolorosa agonía. Se descubrió que en el depósito de la empresa, había un ratón infectado. Solo un ratón.
Las desgracias de la familia nunca se habían relacionado. Al menos no como lo estaba haciendo Ricardo en ese momento. El pastor vio en un demonio al responsable. Martín creyó que ese bicho anidaba en el alma de su abuelo, por eso se moría. La sorpresa fue grande cuando Ricardo explico que el abuelo ya no lo tenia. Giro y quedo de frente al padre de Martín. Esteban lo miro desafiante y de pronto se rió. Martín y Laurita se abrazaron asustados. Esteban comenzó a gritar con voz gruesa, sus ojos se pusieron negros completamente, no había nada blanco, sus iris se había agrandado hasta tomar posesión de todo su ojo.
Ahí empezó todo. Martín vio como Ricardo con vos pausada, tranquila y firme, le ordenaba al demonio que saliera de su padre. Mientras, Esteban se debatía entre la posesión y la normalidad. Cuando el demonio dominaba su cuerpo, su voz era profunda, su risa daba miedo, sus ojos se convertían en los de un tiburón. Cuando Esteban recuperaba su cuerpo, lloraba, vomitaba bilis. En esos momentos el pastor le pedía que confiara en Jesús, que confiara en Dios, que permitiera la entrada del Espíritu Santo en su alma para que expulsara al demonio. Cuando la posesión volvía, Ricardo le ordenaba en nombre de Dios que se fuera, que volviera a las tinieblas.
Esteban comenzó a acercarse a la abuela, con la mano alzada. Entonces Ricardo le pidió a Dios que lo atara. El padre de Martín comenzó a girar sus brazos, una fuerza invisible se los torcía hacia atrás. En ese momento Laurita y Martín, que seguían abrazados y llorando, se miraron y recordaron. Una vez visitaron una Iglesia y vieron una imagen de un arcángel alado que con su espada sometía al diablo. Les contó su mama, que ese era San Miguel Arcángel. El guerrero mas fuerte del ejercito divino. Sin saber que fuerza los impulsaba, o confiando en que fuera la fuerza divina, Laurita y Martín comenzaron a pedirle a San Miguel Arcángel que sometiera a ese demonio que amenazaba con hundir a Esteban.
El pastor si buen no creía mas que en Jesús y Dios, entendió que se necesitaban todas las fuerzas. Entonces el abuelo Félix, hablo con vos firme, sin un dejo de agitación:

Por la fuerza de la Fé, te pedimos que abandones este cuerpo y a esta familia. San Miguel Arcángel Príncipe de la milicia de Dios, te pedimos que dejes el camino descubierto para que Jesús se abra paso en el alma de mi hijo, para que Dios expulse a este demonio y vuelva a las tinieblas que es donde pertenece. Por ultima vez, te damos la oportunidad de alejarte y no volver más. Si no lo haces, que la fuerza de Dios caiga con todo su poder.
Esteban aulló y cayó desmayado.

Ahí viene el barbudo este otra vez. Esta entrando en su cuerpo en su alma y me expulsa. Me echa otra vez a las tinieblas. Él, el hijo de Dios, del Dios que expulsó a mi amo, el más bello de todos los arcángeles, el príncipe. Que lo condeno... si supiera que la misma naturaleza del hombre es la que nos permite vivir... si supiera que el libre albedrío que Él les brindó es la puerta de entrada para nosotros... ningún hombre vive de acuerdo a SUS leyes, todos son débiles. Aprovechamos esa debilidad para entrar. Ahora me expulsan, pero ya encontrare otra familia... la eternidad es SUYA, Él perdona a todos y los hace vive en su gracia eterna, pero la Tierra, la vida terrenal es nuestra, jamás desapareceremos. Espero que ninguno de los hombres se den cuenta cuan fácil es hacernos desaparecer. Sabemos, mi amo sabe, que nunca podremos contra el poder de Dios, pero la falta de Fé nos permite estos ratos de regocijo. La revancha de envenenar el alma de alguno de Sus hijos. Esta llegando el día y tengo que huir otra vez, las tinieblas son mi hogar, y esta alma se esta llenado de luz. Me quema, me desintegra... vuelvo con mi amo, a la oscuridad...

Se hizo un silencio grave en la Iglesia y la luz inundó el templo. Martín, Laura, Nélida, Félix y Ricardo supieron que todo había terminado y que la unión de la Fé había vencido al diablo una vez más. Esteban habló en sueños con una voz dulce y serena:

La palabra de Dios, su reino, es enorme... cada religión, cada creencia y cada culto toma solo una parte de ese reino. Como una caja de regalos enorme donde cada ser toma solo uno. Cuando los hombres entiendan que solo toman un regalo y no todos, cuando cada religión culto y Fé entienda que la unión hace la fuerza, desaparecerá el mal sobre la tierra. La unión es la única salvación.

Entonces, Esteban despertó. Todos agradecieron a Dios que no recordara nada y se comprometieron a llevar esta palabra de unión.
Desde ese día la familia de Martín no sufrió mas desgracias ni perdidas trágicas. Desde ese día, Ricardo se visita con Guillermo, el sacerdote de la parroquia cercana. Juntos buscan los puntos de unión entre ambas religiones. El rabino Sergio de la sinagoga de la ciudad escuchó esta historia. Hace poco visito la parroquia y comenzó a formar parte de la unión. Están buscando budistas, hinduistas, luteranos, protestantes, musulmanes y miembros de todas las religiones existentes. Juntos van a buscar desterrar el mal de la tierra.

Any