14 nov. 2009

DE VEZ EN CUANDO LA VIDA


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Definitivamente era un personaje extraño…

Nadie podía recordar cuando había llegado allí, pero desde el principio despertó las suspicacias de los vecinos

Era un barrio marginal de Madrid y ella había ocupado una casa que estaba vacía, la veían entrar y salir siempre sin hablar con nadie, y siempre acompañada por dos extraños objetos, un anillo de plata con forma de calavera, y un dedal con forma de gato ya descolorido por el paso de los años y con un escudo de Don Quijote …jamás se separaba de esos objetos, y todos se preguntaban para que llevaba puesto siempre ese dedal en el dedo corazón de su mano derecha, si era evidente que no era costurera.

¿¿Qué oscuros secretos escondía?? ¿¿De donde había salido y de que podía huir??, por que lo que estaba claro para todos es que se escondía de algo o de alguien, quizás era una asesina …¡¡¡si era posible que hubiese asesinado a su marido si alguna vez había estado casada y a sus hijos!! Eso podía explicar su extraño comportamiento, su contestación cuando alguien la daba los buenos días, y ella contestaba algo inteligible y con una mirada que parecía perdida…. No, estaba claro que no se podía confiar en ella y desde luego había que mantener a los niños vigilados cuando merodeaba la zona…por si acaso.

Volvía casi siempre cuando caía la tarde y se encerraba en aquella casa, que no tenia ni luz , al haberla ocupado de forma ilegal no podía solicitar el servicio eléctrico…

Pero cuando cerraba la puerta, nadie podía siquiera sospechar que pasaba dentro de la casa…

En realidad se sentaba en un sillón desvencijado que había encontrado en la basura, al igual que los pocos muebles que poseía, al menos disponía de agua corriente que la permitía asearse y cocinar, podía mantenerse por una pequeña pensión que la había quedado después de muchos años de servicio en un organismo publico y que un buen día había abandonado después de no poder superar los acontecimientos que la habían llevado a esa situación.

Sabía las suspicacias que despertaba en su vecindario, pero hacia muchos años eso había dejado de importarle, igual la había pasado con todos los que alguna vez habían sido sus amigos o conocidos que cansados de ver como cada vez mas se aislaba de ellos habían terminado por ignorarla, definitivamente no la importaba lo mas mínimo lo que decían, pensaban o creían acerca de su persona,

Ella se sentaba en su sillón mirando por la ventana sin ser vista y acariciaba el dedo corazón de su mano derecha como un ritual hasta que la vencía el sueño, noche tras noche… mientras lo hacia su mente volaba, y sus fantasmas se acomodaban con ella, para que no olvidara, era el precio que había decidido pagar, no olvidar…

Si, no olvidar…no debía hacerlo, quizás así algún día obtendría la respuesta de porque había pasado…de porque estaba allí.

En efecto había tenido una familia, pero después de soportar muchos sinsabores decidió acabar con su matrimonio, eso había arrastrado a sus hijos poco tiempo después y su vida colapso, fue un proceso lento pero inexorable, poco a poco había ido alejándose del mundo hasta quedar totalmente aislada, fue en ese momento cuando decidió huir había oído de ese barrio y sabia que había casas vacías, una noche llego forzó la puerta y se instalo, en sus rondas había encontrado en las basuras muebles que aun estaban en buen estado y como pudo los había trasladado, en su juventud también lo había hecho, cuando se comienza con ilusión pero con pocos medios económicos las rondas para buscar lo que otros desechan es una maravillosa aventura… pero sin duda esta vez lo hacia desde otra perspectiva, la de la necesidad.

Acariciaba su dedo corazón otra vez, daba vueltas al anillo con forma de calavera… ese anillo era un regalo de su hijo, ella se lo pidió cuando por primera vez después de un año de tener que verlo a escondidas, había podido acercarse a el, si, lo veía a escondidas, de lejos para que no se diera cuenta, y volvía siempre con un nudo en la garganta… al menos sabia que estaba bien, y eso a pesar de su pena la tranquilizaba, pero nunca se lo quitaba desde entonces, al igual que un dedal con forma de gato, dos pequeños objetos que eran toda su riqueza…

El dedal se lo había regalado el que fue su gran amigo y padre de su hijo mayor unos meses antes de morir, la forma de gato no era casual, al elegir en una tienda de la plaza mayor de Madrid donde vendían souvenir a los turistas, en uno de sus interminables paseos cuando volvían del hospital donde ella lo acompañaba cada semana en sus últimos meses de vida, estaban expuestos muchos de esos pequeños objetos y como ambos amaban a los gatos buscaron entre todos si alguno tenia esa forma y si ¡¡encontraron uno!!, el escudo con la imagen del Quijote carecía de sentido para ser un recuerdo de Madrid, algo que les había causado mucha gracia, pero el se lo regalo de todas maneras, ya estaba descolorido por el paso de los años, pero igualmente era de un inapreciable valor sentimental

Ya empezaba a vencerla el sueño, era hora de ir a su catre y mañana repetir la rutina de sus últimos años, levantarse asearse, salir y tomar café en algún bar cercano y tomar el tren para recorrer una y otra vez todas las zonas donde había vivido, después regresar saberse observada por sus vecinos, sentarse en su sillón desvencijado y acariciar sus joyas mientras esperaba el sueño, alguien a puesto un disco de Serrat, de vez en cuando la vida, nos gasta una broma, y nos despertamos sin saber que pasa, chupando un palo sentados sobre una calabaza…



CENICIENTA

LOLY

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