15 may 2010
EL GUSANO TOPACIO
EL GUSANO TOPACIO
Solitario y encerrado en sí mismo Topacio subía a lo alto del rosal a que los rayos de un sol primaveral calentaran su cuerpo, y ver desde allí la grandeza de ese jardín donde se había mudado recientemente. Todavía no conocía a nadie, pero… ¿Quién iba a querer hablar con un gusano tan feo? el veía a los demás con sus encantos, y el se veía tan amorfo, tan simple… que odiaba su condición de gusano.
Si hubiera nacido ciempiés… caminaría con mis patitas engalanadas, a cada una pondría un zapatito de un color, o todos iguales, que gracioso estaría con los zapatos multicolores. Y si hubiera nacido caracol, siempre con mi casa, la llevaría de las mas bellas, de esas que son blancas y rayas negras… que bien que luciría mi casita. Y si hubiera nacido Mariquita, que bellas que son todas, don su alitas rojas y su motitas de color, que envidian me dan.
Todos los días Topacio se amargaba pensando en lo bien que seria haber nacido de otra manera, mas hermoso, mas grande. Y nunca se paro a pensar el lo hermoso y en las cosa que él tenia.
Estaba el Señor Ciempiés hablando con Doña Chicharra del nuevo inquilino del jardín, ese gusano imberbe que paseaba por el rosal, y en las prímulas se daba sus banquetes de tiernas hojas.
Sabes… (dice el Señor Ciempiés) el muchacho ese, ayer ayudo a cruzar la calle a Dola Langosta, si la que le falta una patita, que le arrancaron unos niños gamberrotes que la cogieron. Pues iba ella cómo siempre va, cojeando cojeando, y cuando llego al semáforo este estaba en verde, así que se dispuso a pasar. Pero cuando llegó a mitad de la calle el semáforo se puso en rojo… Menos mal que estaba el muchacho ese por allí, si no… nos quedamos sin Doña Langosta.
Pues a mi me ha contado Doña Libélula que rescató a su hijo mas pequeño de la Araña Tigre, pues este intrépido hijo había ido volando al rincón donde crecen las ortigas, pues lo había mandado su madre a recoger para hacer una sopa de ortigas, y cuando estaba llegando se vio atrapado en la telaraña.
Menos mal que andaba él por allí y rápidamente subió a un árbol que había cercano, hizo un paracaídas con una hoja y se lanzo al aire…
Según comentaba Doña Libélula volaba, volaba en dirección a la telaraña donde estaba atrapado su hijo. Aterrizo sobre ella dejando que fuera la hoja la que se quedara pegada cerca del muchachito. Luego lo ayudo a despegarse, pero la araña feísima ya venia a por ellos, así que rápidos salieron de nuevo volando.
Esta vez, el hijo de Doña libélula llevaba al gusano ese. ¿Cómo se llama el gusano ese Señor Ciempiés?
-Hay Doña Chicharra yo no sé su nombre, pero igual Don Escarabajo que viene dando vueltas a su pelota, nos pueda informar.
¡Seño Escarabajo!, ¡Señor Escarabajo!, llama el Señor Ciempiés,
¿Usted sabe cómo se llama el gusano ese nuevo que va rondando por el jardín, el chico ese feúcho que devora la mitad de todas las prímulas?
-Hola muy buenas Señora Chicharra, Señor Ciempiés, me preguntan por el nuevo gusano que ha venido a morar a este jardín, sí, sé cómo se llama.
Si afortunadamente para mí, lo conozco, sé cómo se llama, y si pudiera lo adoptaría cómo hijo mío
-¿Por qué habla así del gusano ese Señor Escarabajo?
-Mire usted Señor Ciempiés, andaba yo el otro día de mal de amores. Una escarabaja del huerto de alado me ha enamorado, por ella late todas mis alas, y yo… solo sé arrastrar la bola esta y no sabia cómo decirle lo que siento por ella. Así que la semana pasada me deshacía en llanto. Estaba en el banco de la puerta de mi casa llorando al tierno sol de la mañana, pensando en los rojos cobrizos de la escarabaja del huerto de alado, cuando pasó Topacio, que así es cómo se llama el gusanito, y al verme llorar me preguntó que qué me pasaba, se lo conté y rápidamente me escribió este poema para mi escarabaja:
En el campo de alado mora
la dama que mi corazón añora.
Dulce escarabaja de la patata
que en dolor tu ausencia me ata,
Esta tarde iré al vallado distante
para ver si mi dicha te ve un instante.
Rezaré para entregarte estos versos,
si lo aceptas, se convertirán en besos
Esta tarde al caer la luna de plata
te esperaré, tras esta caminata.
Tan solo para decirte:
bailemos un bolero,
pues no veas como te quiero.
Me van a decir ustedes que no es espectacular, desde entonces mi escarabaja sueña conmigo, y nos vemos a cada instante.
Topacio, mi gran amigo gusano.
- Si que es bonito, si.
Asintieron los dos amigos.
- Por lo visto todo el parque se está llenando con los actos de nuestro nuevo inquilino, y nosotros por lo feo que es, ni le hemos preparado una fiesta de bienvenida. Señor Ciempiés, ¿no cree que deberíamos darle una fiesta de agradecimiento y de bienvenida?
-Claro que sí, llamemos a Doña Mariquita que es experta en esas cosas, y ella organizará la fiesta.
- Yo creo que tengo su teléfono movil, esperad y la llamo. -Dice el Señor Escarabajo sacando su celular para llamar a Doña Mariquita.
¿Mariquita? hola soy Escarabajo. Si ese mismo, mira es que… ha venido un gusano nuevo al jardín y queremos darle una fiesta. Si Topacio ¿también lo conoces?, ¿que hizo qué? ¿Sacó del riachuelo de la fuente a Miga? y ¿también ayudó a Doña Lagartija a pintar su casa? y ¿al Señor Sapo va todas las noches a ponerle las gotas en sus ojos, y de paso le lee unos cuentos…?
Ves Mariquita, cómo tenemos que darle una gran fiesta, Tú te has de encargar de organizarlo todo, de preparar un banquete donde no falten las flores multicolores, los tallos más tiernos de todo el jardín. Música y si pudiera haber… unas bailarinas…
y fuegos artificiales.
¿Para cuando lo queremos hacer? Mariquita, tu mejor que nadie sabes para cuando puede ser. Ah ¿que crees que puede estar listo para el sábado? ¿Qué todo depende de la señorita Lombriz, si tiene acto o esta libre? vale pues ya me lo confirmas.
- Entonces… Señor Escarabajo ¿la fiesta será el sábado en principio?
- Eso me ha dicho, ya podemos ir llamado a la gente, por que la señorita Lombriz no tiene actuación este sábado, hable hace un momento con ella.
En el centro del jardín, debajo de los toboganes, el sábado al caer la tarde todos se están reuniendo. Las luciérnagas iluminan el lugar, con su haz de luz jugando como cañones de iluminación, las chicharras tocando su melodía, las ranas con su canto las acompañan, todo huele a fiesta, a seducción.
Por allí anda el Señor Escarabajo, que ha traído a su amada, el Señor Ciempiés que va con los botines multicolores y un traje primaveral. Doña Chicharra al frente de la música miraba cómo la Señorita Lombriz danzaba en medio de la pista habilitada.
Todo el mundo bailaba, las copas llenas de zumos, de néctares fermentados, y aguamieles corrían entre la gente, hasta que a un vigía hizo la señal acordada y calló la música, paró la gente, se hizo el silencio, las luciérnagas escondieron sus luces.
Nada aparentaba la fiesta que habían preparado cuando llegó Topacio con Miga hablando distraídos, cayendo en la trampa que los bichos del jardín le habían preparado.
Al entrar debajo del tobogán unos castillos artificiales los recibieron, y vino Doña Mariquita con un ramo de flores enorme para entregárselo al gusano feo, a Topacio, junto con un discurso que había preparado:
-Hola Topacio, he preparado estas palabras en nombre de todos los del jardín para darte la bienvenida y agradecerte todo lo que diariamente haces por nosotros, no voy a nombrar cada detalle de los que me he ido enterando, por que sin duda seguro que son más y a todos los habitantes del jardín nos has ayudado de una u otra forma.
Así que entre todos te hemos organizado un pequeño recibimiento, en el cual esperamos conozcas a todos los que te faltan por conocer, y te sientas como en familia, y nunca tengas ganas de marcharte a otro sitio.
Ya, sin más te invito a que bebas, bailes y hagas de esta noche una noche inolvidable para el resto de tus días, que serán muchos.
Topacio que no podía reprimir las lágrimas de emoción, tan sólo pudo balbucear unas palabras de agradecimiento:
-Gracias, gracias a vosotros que me habéis hecho sentir útil, y no habéis hecho caso de mi fealdad, y siempre me habéis recibido como un amigo.
Gracias y gracias y más gracias a todos.
Topacio se abrazó a Miga, llorando a lágrima partida. mientras que la música comenzaba de nuevo con una bonita zarabanda y todos comenzaban a danzar nuevamente, las luciérnagas retomaban su labor de alumbrar con luces de fiesta y la Señorita lombriz reanudaba su sinuante baile.
Esa noche todos bebieron, fueron felices y a la mañana siguiente todo el mundo comentaba la fiesta en honor a Topacio, el gusano feo que tenia un corazón enorme que a todo el mundo ayudaba sin mirar nada mas, que hacer el bien y no mires a quien.
Francisco Romero Díaz
Paco
15-05-10
7 abr 2010
SOBRE LOS RIELES
La escena transcurre en un vagón del tren salido de la capital rumbo al interior de la provincia.
Una nueva semana comienza y con ella el acostumbrado recorrido por los pueblitos de tierra adentro; la ocupación de viajante involucra la visita mensual a sus queridos clientes.
La mayoría de los asientos desocupados, en la mitad del vagón una mujer ocupa uno de ellos; esta leyendo un libro. Pensó en sentase frente a ella, pero decidió hacerlo en la fila de al lado, para no molestar.
Unos segundos anteriores a la partida entró un hombre muy apuesto, se detuvo unos metros detrás de la fila en la cual estaban sentados: los miró y como estudiando el ambiente, optó por ubicarse frente a la mujer del libro. Ésta, ni se mosqueo.
El tren se puso en movimiento, un largo viaje le esperaba.
El susodicho miraba por la ventanilla, pero cada tanto giraba la cabeza hacia su compañera fortuita; un brinco ocasionado por un desnivel en las vías, detalle muy conocido por los asiduos viajeros, ocasionó la caída del señalador del libro que sostenía la mujer sobre sus faldas. Tanto ella como el caballero se inclinaron con el fin de levantarlo. Un leve roce entre sus manos, un discreto y fugaz cruce de miradas, fueron mas que suficientes para dar por abierto el dialogo.
-No se moleste, se lo agradezco, Sr...
-Esteban. Por favor, ha sido un placer, Srta...
-Olga Zwagg, muy amable caballero.
-Por lo visto muy interesante el libro.
-¿Porqué lo dice? ¿Lo ha leído?
-Me llamó la atención su lectura, el volver las hojas una y otra vez, como recapacitando, o quizás tratando de descifrar lo escrito. ¿Me equivoco?
-No, por el contrario, lo que si debo reconocer que es una persona muy detallista, y es mas, le confesaré que ha dado en la tecla justa, se trata de un libro de estudio sobre épocas antiguas, costumbres y demás, por lo cual quisiera recordar tal o cual detalle, y no me queda otra que volver y releer sobre dicho punto.
-Si me permite desearía corroborar lo escuchado,¿Su apellido es Zwagg, como el del famoso arquitecto alemán?
-Exacto, y agregaré un dato para complacer su curiosidad, era mi tío, hermano mayor de mi padre, también fallecido. Quiero creer que es Ud. de aquella profesión ¿ tal vez?
-No, no, nada que ver. Soy fotógrafo, actúo en forma libre, trató de ubicar mis tomas en manos del mejor postor. Mi especialidad son los puentes, los admiro, los respeto, tengo cierta afición a ellos, reconozco su fuerza, su austeridad, y considero excepcional su ayuda para unir, acercar y en mas de una oportunidad evitar conflictos.
-Ahora entiendo, mi tío era experto en el diseño de puentes; en cuanto a ellos siempre me resultaron fríos, simplemente un conjunto de hierros y alambres.
- Todo es cuestión de observar, tratar de interpretar, inmiscuirse dentro de aquello que esta frente nuestro, y esto no solo referente a elementos inertes. ¿La aburro con mis raras ideas?
-Me interesa, su punto de vista concuerda con su hincapié en los detalles, me atrevo a pensar que debe poseer un alto grado en el poder del convencimiento, ¿No estoy errada, cierto?
-Quiero interpretar que se refiere a mis relaciones personales, en especial con el sexo opuesto, ¿verdad?
-Por supuesto, un hombre apuesto, elegantemente vestido, modales excelentes, profesional, dueño de un vocabulario amplio, conocedor de mundo con seguridad, todas las puertas se abrirán ante sus deseos o pretensiones, no me equivoco, ¿verdad?
-Sus adjetivos elevan mi ego a un nivel respetable, y es mas al recibirlos de una dama, permitame así considerarla, los catalogo valederos y es un mérito para con mi persona.
-Ha conseguido sonrojarme, no estoy acostumbrada a este tipo de adulaciones, con gusto desearía continuar nuestra charla, con seguridad encontraríamos temas de mutuo interés. En un par de estaciones necesito descender, por lo tanto antes de que se me olvide le dejo mi tarjeta. Si encuentra un lugarcito entre toma y toma, con placer podría permitirme un vistazo a su colección de fotografías, ¿Las expone en algún lugar?
-No en una galería determinada, pero si en mi estudio fotográfico, situado en pleno centro de la city; esta es mi tarjeta con los datos. Seria una verdadera ocasión para charlar y quizás entablar una amistad, ¿Le parece la idea? Sabe que, no me conteste, permitase sorprenderme, siento intriga por las sorpresas.
-De acuerdo, acepto la consigna, eso si, no le prometo que será pronto. Me explicaré: el próximo mes viajo, con un grupo de compañeros y nuestro profesor a Grecia, será un viaje de estudios patrocinado por la Universidad de Atenas, con la finalidad de fomentar el intercambio cultural y científico entre nuestros países. Le comento que el año pasado recibimos aquí a un grupo similar de aquel país. Fue algo extraordinario, trajeron trabajos, los comentamos, agregamos nuestras opiniones, miramos decenas de fotos y diapositivas, fue un hermosa y productiva experiencia. Espero que nuestra visita resulte tan fructífera como aquella.
En ello estoy trabajando en estos días, me refiero al libro que estoy analizando, comparando detalles, con el fin de complementar nuestro trabajo que realizo en conjunto con mis colegas.
-Estuve trabajando en Atenas, durante algunos meses. Quedé impresionado por sus monumentos, edificios antiguos, reliquias, y las ruinas,¡oh,las ruinas! En especial me dediqué a mi rubro, los puentes, pero mi atención fue ocupada, reconozco, por las estatuas, dicho sea de paso, muy bien conservadas, de las cuales obtuve unas decenas de tomas. Mi encanto fue tal, que inclusive compaginé un álbum con ellas, lo titulé "El pasado".
Con gusto podría facilitárselo para que le eche un vistazo. Eso si, con una condición: deberá dar su palabra que lo devolverá.¿Se anima?
-Que persona especial resultó.¿Cómo se le ocurre, siquiera pensar, tal atrevimiento de mi parte? Su delicado humor me tomó desprevenida, siento quizás un poco de miedo...
-¿Miedo? ¿De mi? No por favor, buena moza, soy la persona más inútil en lo se refiere a molestar, ofender o mal tratar a un semejante...
-Bueno, bueno, calmese, traté de equiparar su talento humorístico; por lo visto excedí la cuenta, ¿verdad?
-No, al contrario, apruebo las personas sabedoras de reaccionar en forma casi instantánea como lo ha hecho, me gusta su estilo de conversación, el cual no coincide, si se permite, con su fisonomía externa...
-Creo que el caballero se permite atribuciones que lindan lo personal y ...
-Mis dsculpas, srta. no creí en ningún momento que mis palabras causarían tal reacción de su parte. Es más, no quise ni pretendo inmiscuir en su vida. Considero que mis palabras fueron interpretadas en forma errada, posee todo su derecho en exigir mis disculpas. Lo reitero: tenga a bien aceptar mi sincero perdón.
-El sencillo hecho de acceder a entablar conversación con Ud. no le otorga ninguna clase de opción para extralimitarse a tal grado y opinar sobre mi persona, mi vestimenta, y...es mas, lo considero como una falta de respeto. Le suplico, tenga a bien abandonar su asiento, caso contrario, recurriré al inspector para que se ocupe de mi pedido.
El susodicho no atinó a emitir vocablo. Al instante se puso de pie, saludó y salió del vagón muy de prisa.
La ofuscada damita, quisquillosa en demasía, a entender del corredor, miró la tarjeta del fotógrafo, la hizo una pelotita, y la arrojó al cesto de los desperdicios. Acomodó un poco sus cabellos, abrió el libro, y volvió a su interrumpida lectura.
El corredor de comercio sintió una improvista intención de entablar conversación con la susodicha pasajera...en el último momento desechó el intento.-Dejemoslo así-Se dejo para sus adentros.
Decidió salir a la baranda de los fumadores; entre los viciosos encontró al "atrevido" fotógrafo. Se acercó y cigarrillo en mano solicitó del susodicho fuego.
-Si, como no, por favor...
-Muy amable,¿Viaja lejos?
-Mas o menos, unas cuantas estaciones, ¿Y usted?
-Solo otras dos, por suerte, mi trabajo no me da descanso.
-Seré curioso, ¿A que se dedica? Si no le incomoda mi pregunta, por supuesto...
-No, faltaría mas, soy viajante, trato de vender hierros, largos y fríos; en esta zona abundan las empresas constructoras, varias de ellas figuran en mi cartera de clientes.
-¿Hierros, dijo?¿Qué clase?
-Vigas inmensas, de esas utilizables en las construcciones de puentes, y además todo lo concerniente,
¿Por qué lo pregunta, también Ud. es del ramo?
-No, nada de eso, sencillamente lo consulto pues me dedico a la fotografía, es mi profesión, y en ello me ocupo ya un par de años.
El viajante de comercio dedujo que no había sido reconocido y por lo tanto era obvio que su interlocutor ignoraba que su conversación, con el final nada agradable, mantenida con la mujercilla del libro. No obstante, para estar completamente seguro, insinuó:
-¿Fotógrafo de casamientos, fiestas, esas cosas?
-No, por favor, le explicaré, mi especialidad son los puentes,con el correr de los años desarrollé una especie de atracción frente a esas moles de hierros, trabajados y manipulados, que se convierten en obras magnificas que tanta utilidad ofrecen al hombre y a la comunidad.
-Nunca pensé en tal forma, y si le sigo la corriente creeré que mi trabajo no es nada inútil y también yo participo en dichas obras de bien para el mundo todo. ¿Que le parece, compadre?
-Esta en lo cierto, con su trabajo contribuye, sin lugar a dudas,junto a los demás trabajadores, a lograr llevar a cabo tales construcciones. Es más puede sentirse orgulloso de la tarea que realiza.
-Ha sido un placer esta charla, deberíamos encontrarnos y me gustaría ver sus fotografías,¿Puede ser?
-Con mucho gusto, aquí le doy mi tarjeta con la dirección y teléfono, cuando le sea cómodo pase y le mostraré mis tomas.
Bajó en la estación "El viejo almacén". El tren reanudó la marcha. Levantó la vista y reconoció a la "damita del libro" ensimismada en la lectura. A pocos metros, su nuevo amigo el fotógrafo, exhalando su humo de grandeza.
¡Qué interesante el trabajo del viajante! Murmuró para sus adentros.
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BETO BROM
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