21 jun 2009

EL ENCUENTRO DEL CAZADOR


Relevamiento Histórico de la creación del Barrio “El Cazador” en Buenos Aires, Argentina.

Por Daniel Pratt

I

LA GUERRA

El silbato del tren lo sobresaltó, había entrecerrado los ojos por un momento y como siempre las imágenes de la guerra se colaban en sus retinas.

Garibaldi era un buen hombre, y como a tantos lo había seducido en su lejana Calabria..., (¿Cómo estaría su Angelina?, ¿Sabría ella cuánto la amaba todavía?) ...para seguirlo en aquella lucha sin futuro...

Los primeros días fueron bellos, el uniforme, tan distinto a su ropa de campesino, los caballos, la música marcial; y el fusil, reluciente y con aquel inconfundible olor a aceite. Después vino la muerte, el dolor la suciedad de la guerra y sus miserias…

“¡Levantasi muchachi que la cuatro sun, e lo federali son veni a Cordun!” cantaban los sargentos en las mañanas heladas para mandarlos al combate y a la muerte. Pero fue cuando Luiggi murió en sus brazos que todo cambió.

Huir de los gritos de la muerte, del hambre y del horror era ya lo único que le importaba, los trapos sucios que lo cubrían ya ni recordaban su uniforme, por eso nadie sospechó que era un desertor cuando se embarcó en aquel buque.

Nunca había visto un barco a vapor tan enorme, al principio dudo entre partir o volver a Angelina; pero comprendió que si volvía a Calabria, sus antiguos camaradas lo encontrarían, y sin dudas lo fusilarían por cobarde… debía irse ya, y con lo puesto, antes que los Federales o sus compañeros lo encontraran.

II

EL MAR

Los días en el barco fueron terribles, el hacinamiento, la mugre y el duro trabajo para pagar el pasaje se parecían demasiado a la guerra y no lo dejaban olvidarla, pero por lo menos estaba la brisa del mar que le llenaba sus pulmones y su alma.

Argentina. ¿Cómo sería aquel país a donde iba?, su amigo Luiggi le contó de los campos sin fin, del mar verde que seguía hasta el horizonte, todo pasto y vacas, ¿sería así?, ¿habría trabajo para él?, solo tenía sus brazos y sus armas (también las de Luiggi, que antes de morir se las había entregado, haciéndolo jurar que no se las dejaría al enemigo), aunque no quería ser otra vez soldado podría cazar con ellas, como le había propuesto el catalán mentiroso que compartía su camarote.

“Los cueros se pagan con oro”, le había dicho. Y si había animales él sabría muy bien como usar sus armas para hacerse con ellos, y quien sabe, hasta podría ahorrar lo suficiente para traer a su Angelina (¿lo esperaría todavía?), de todas formas el tenía que ver con sus ojos aquellas tierras de las que se decía que se podía andar toda una semana a caballo sin ver una sola montaña…

III

EL TREN

Hotel de los Inmigrantes se llamaba el lugar donde lo pusieron ni bien desembarcó, luego vino ese empleado del Gobierno preguntando sus señas… tuvo que mentir, quien sabe si del consulado no lo rastrearían para mandarlo al paredón, por eso dió el nombre de uno de sus antiguos camaradas muertos que no tenía familia.

El hotel tenía unos pasajeros de lo más variopintos, había allí gente de todas partes, rusos, españoles, turcos, árabes, franceses, polacos y desde luego, italianos como él; tuvo suerte ya que en el pabellón donde lo alojaron le tocó un compañero genovés; un muchacho lleno de proyectos que quería establecerse y “hacer L`América” como decían entonces.

Fue él quien le contó que una tal viuda de Cruz, estanciera y mujer de fortuna tenía ganas de fundar un pueblo alrededor del parador del tren llamado Escobar, este muchacho de apellido Spadaccini soñaba con tener un gran hotel de lujo en aquellos lares. Lo escuchaba con fascinación hablar de aquella tierra que pronto se poblaría y que tenía hermosos ríos y un clima benigno.

Por eso, de todos los rumbos para elegir, decidió seguir a aquel muchacho hacia ese lugar.

No podía creer la belleza de esa tierra tan plana, tan sin rocas, tan cálida luego de frío helado de la guerra. El traqueteo del tren lo fue adormeciendo hasta que escuchó el silbato.

IV

LA CAÑADA DE ESCOBAR

El tren a vapor se detuvo con estrépito, Pietro Ghia, tal su verdadero nombre; descendió del tren con sus herramientas, sus armas y su soledad.

El genovés le propuso hacer noche en una tienda de campaña, ya que en aquel sitio el pueblo era solo un proyecto y no había más que campo y algunas casas perdidas en él.

Esa noche durmió por primera vez en mucho tiempo en paz, sin el eco de los cañones en su sueño, y al alba, cuando despertó, supo que, definitivamente, aquel era su lugar en la tierra.

Luego de tomar un té hirviente y de encargarle al peón del parador sus pertenencias, fueron a ver a un tal Lisandro Medina, quien, según supieron, era el encargado de vender los terrenos de la viuda. El hombre los recibió amablemente y les indico que hasta el remate de las tierras deberían hablar la señora Eugenia. Caminando bajo el sol de la mañana llegaron al casco de la estancia de Cruz, donde los recibió una mujer menuda, pausada y de ojos vivaces e inteligentes… “Eugenia Tapia es mi nombre y son bienvenidos” les dijo. Enseguida, el parlanchín genovés le explico su proyecto y la mujer sonreía encantada, mientras por momentos observaba al acompañante con gesto preocupado. “Vengo de una guerra” contesto a sus preguntas, y la discreta mujer no insistió.

El genovés trató de convencerlo de que fuera su socio, pero Pietro ya tenia un destino: Había oído a la señora Tapia decir que en los barrancos del río Luján un niño bien quería construir una destilería de alcohol y estaba contratando gente, y hacia allí fue con su bolsa y sus armas.

No pudo encontrar trabajo. El dueño del complejo no quería ex soldados en su destilería y mucho menos si eran calabreses, salió de la oficina y miró hacia el este… el reflejo del sol en el río, el aire puro y un deseo de conocer la rivera lo llevo hasta la orilla. Se enamoró de aquel lugar y supo íntimamente que ya no lo dejaría.

V

EL CAZADOR

Trabajó sin descanso, día y noche; hasta que construyó una cabaña en un recodo del Luján.

La abundancia de animales (lobitos de río, nutrias, carpinchos, patos y tantos, tantos otros) le hacía la vida fácil y tranquila. Comerciaba activamente los cueros con un tal Tossio, un compatriota que tenía los campos pegados a la destilería de la alta chimenea, por otra parte, su amigo genovés ya estaba construyendo su famoso hotel, y, a cambio de carne fresca de venado, lo proveía de sal, ropas, pólvora y las herramientas que necesitaba.

Sin embargo, fuera de la sociedad que mantenía con el estanciero y su amigo, se mantenía hosco y apartado de la gente, cosa que fue haciéndose más notoria con los años.

“Por ahí anda el cazador” decían los peones de la destilería, que a falta de conocer su nombre, lo bautizaron así, sin mucho esfuerzo.

Su figura se hizo conocida y hasta quizás temida. Pronto se conoció a aquel lugar como La cañada del cazador o las tierras del cazador. Pero fue cuando los peones que, a fuerza de pala estaban construyendo el canal desde la destilería al río, que supieron quien era realmente aquel misterioso cazador...

Un grito se oyó cuando una de las hermosas muchachas de miriñaque que acompañaban al señorito de la destilería se vio, de pronto y frente a frente con un yaguareté. Una sombra armada con un puñal fue lo que detuvo a la bestia, tras él la figura de Pietro se hizo conocida. Muchas veces había espiado desde los árboles el lago artificial de la fábrica, donde el atildado dueño navegaba con su barquito a vela dejando boquiabiertas a las niñas de la sociedad. Ellas le recordaban a su Angelina y muchas veces se había retirado a su cabaña con una lágrima en su mejilla ante el recuerdo doloroso de su amor ausente.

“Hombre noble y valiente” comenzó a decir la gente de él, y aunque muchas veces intentaron que viviera en el poblado, siempre prefirió su rincón del río.

Así los años fueron pasando y él fue envejeciendo.

VI

LA LEYENDA

Un crepúsculo como nunca antes había visto teñía de rojo violento el horizonte mientras Pietro recogía los pescados que el río generoso le ofrecía. Sus cansados huesos ya no tenían la fortaleza de antaño, ni sus manos la pericia con la red.

Un fuerte dolor en el pecho lo enderezó de golpe..., pasó; “me voy a sentar un rato a descansar” pensó mientras apoyaba su encorvada espalda contra un aliso de la orilla.

Pronto una rara bruma fue cubriendo el paisaje conocido, desdibujándolo y haciéndolo distinto... Creyó entonces estar en las trincheras con su amigo Luiggi y su sonrisa luminosa, escuchando los acordes de la música marcial, creyó reconocer también entre la bruma a su madre, que tanto lloró al verlo partir a la guerra. Le pareció volver a percibir el aroma de las laderas floridas de las montañas de su lejana Italia y el perfume de…

Una voz se escuchó allí cerca, que lo llamaba dulcemente… “Angelina”, pensó girando la cabeza con esfuerzo, con aquel dolor que ya estaba cediendo.

Entre la bruma vio venir a su amada, con aquella falda floreada con la que la viera por última vez, cuando partió a caballo tras Garibaldi.

Estaba tan hermosa y joven como entonces cuando tendió su mano hacia ella y descubrió que él también era otra vez joven y deseaba seguirla hacia aquella luz que brillaba en el monte.

El cuerpo de Pietro se deslizó suavemente hacia el agua y se sumergió justo un segundo antes de que desapareciera el último rayo de sol.

El río, en su eterno fluir hacia el mar se lo llevó lejos y nadie supo nunca más de él.

Así nació la leyenda.

Así nació El Cazador.

Daniel Pratt

UNA SANDALIA EN LA NIEVE


Estefania estaba recostada en el enorme sillón del living frente al enorme árbol de Navidad recordando su pasado Un suave aroma a rosas entraba por los enormes ventanales de la casona construida con tanto amor; ella y Raúl girando espacios de sueños compartidos. El teléfono la llamó a la realidad, era Laura, para recordarle la reunión de esa noche, sus amigos no la dejaban sola; se levantó desganada y se dirigió hacia el piso superior, eligió un solero rojo y las sandalias haciendo juego,_ ¡Que locura haber gastado tanto en un par de zapatos!, seguro que solo los usaré una o dos veces_ Pensó con cierto disgusto.

La ducha helada la reconfortó, al salir, se envolvió en un inmenso toallón , cepillo sus cabellos y los recogió descuidadamente .Tomó el misterioso perfume que todos elogiaban , lo vaporizó delante de su cuerpo desnudo y camino hacia él, envolviendo sutilmente todo su cuerpo, (secreto de la abuela René) ,El espejo constató que estaba perfecta, hasta le pareció sentir aquella caricia en su cuello,_ Es solo un sueño, Raúl se fue de mi vida, hoy se cumplen cuatro años_ Pensó con tristeza

Regresó al pasado, La tarde en que a ella se le ocurrió salir con los mellizos _ Amor, voy a comprar algunos regalos _Espera _ Le respondió él _, termino con estos papeles y los llevo, los pequeños son traviesos y no me gusta que manejes, solo por seguridad_ Pero Stefania no le prestó atención, acomodó a los niños en el asiento trasero del auto y salió, al cruzar una bocacalle, otro vehiculo que venia de contramano la arrastró varios metros, ella salió despedida hacia el exterior del rodado pues no llevaba puesto el cinturón de seguridad, pero los pequeños quedaron encerrados en esa trampa mortal , una llamarada, la explosión y después,………….. Nada.

En el neuropsiquiátrico la ayudaron a reponerse, pero no a olvidar…………….Lo mismo pasó con Raúl., discusiones y reproches hicieron insostenible la situación. El se marchó a España, no hubo cartas ni llamadas telefónicas, Estefania sabía su paradero por sus suegros, pero dejó pasar el tiempo sin hacer nada.

Enojada salió al jardín, cortó una rosa y se dirigió a la fiesta. Al entrar sus amigos la rodearon, ella sonrió tomando una copa de champaña,. hacía calor, las voces le llegaban cada vez más lejanas. Una mano se posó en su hombro,_¿Bailamos?,_ era Julián su enamorado de siempre, un ser especial que la escuchaba sin pedir nada a cambio, ella asintió y se encaminaron a la glorieta, se dejó llevar por la música, hasta permitió un abrazo demasiado familiar.

Una ráfaga de viento helado la volvió a la realidad . Sintió como su compañero la abrigaba, levantó los ojos para darle las gracias pero………. Allí solo estaban ella y Raúl y la nieve que caía incesantemente. Sintió sus besos Lugo los brazos levantándola para cruzar el umbral de la casa y depositarla en la alfombra junto a la leñera, _Que borracha estoy_ pensó , pero todo era demasiado hermoso, sus cuerpos reconociéndose, vibrando, amándose.

El viento golpeó lo postigos del enorme ventanal de la sala, que se abrieron provocando un ruido seco, Raúl se incorporó para cerrarlos.-¿Cuánto tiempo pasó?

Un rayo de sol lastimó sus ojos, era de día, estaba en su habitación, se había dormido vestida, _¡ borracha!_ volvió a murmura disgustada. Se desvistió, pero al quitarse las sandalia, comprobó que solo tenía una, buscó la otra bajo la cama, no estaba, sus ojos recorrieron la habitación, una prenda oscura cubría el tapete, como para despertar su atención, pero estaba muy enojada como para investigar, así se quedó dormida.

Cuatro horas después sonó el teléfono, levantó el tuvo, una voz querida la volvió a la realidad_ Mi amor, fue una noche maravillosa, sobre mi almohada olvidaste la rosa roja y desde el ventanal me saludó tu sandalia sobre la nieve. Tomo el primer avión que sale para Argentina, te amo_

Estefania se levantó de un salto, sobre el tapete, el sobretodo con el que Raúl la había protegido del frío también la saludaba………………………….


Lydia Pistagnesi