27 ene. 2011

LEYENDA DEL ARCO IRIS


En la verde colina que bañaba el río rueñuí , vivía un pueblo de tradiciones guerreras.
Desde pequeños, los niños eran educados para desarrollarse como excelentes soldados. Llegaban hasta el más gigante árbol de raíces musculosas que reventaban el suelo y allí practicaban con sus flechas .
La mujeres confeccionaban los trajes que debían llevar para protegerse en la competencia. Vale decir que toda la comunidad giraba en torno de una vida belicista.
Marcaban su frente con cruces rojas y maquillaban con círculos amarillos su mejillas .En su pecho una enorme estrella de color añil, los identificaba , como al pueblo de la colina junto al río. . Sus tobillos cubiertos por una débil rama con hojas verdes formando una pulsera. Construían sus flechas pintándolas de azul, salpicadas con lunares violetas.
No habita la paz en ellos. Siempre dispuestos a prepararse para la lucha ,las demás actividades carecían de valor .
Pero ocurrió un día , que desde el aire llegaron siete pájaros de luz y pusieron en sus picos el color de las cruces, el de los círculos que adornaban las mejillas, de la estrella que identificaba al pueblo, de las hojas rodeando los tobillos,de las flechas usadas en las prácticas guerreras . Los unieron en  pintando  una franja  en el cielo con siete colores, mientras tanto el pueblo al día siguiente amaneció riendo y cantando , entonando las más bellas notas de paz.
Desde entonces , cuando el arco iris luce en lo alto, todos sentimos que sus colores nos embeleza y se aquieta el alma ,alejándonos  por un instante , del momento que estamos viviendo.

 STELLA  MARIS TABORO

25 ene. 2011

NYC

Nos  encontramos  en Nueva York ¡Largos años sin vernos! Lucía avejentado, el tiempo y alguno que otro vicio…habían hecho sus estragos. Se decían  muchas cosas de él,  sin embargo con nosotros siempre fue un gran amigo. Nos tenía una sorpresa,  dijo y nos guió hacia el subway, era cerca de  medianoche. En  los vagones  casi desiertos los trasnochadores y algunos  adictos  nos veían con su mirada perdida. El ambiente era lóbrego.

Nos bajamos en el Bronx,  ya  en  la calle vacía  podíamos oír el sonido de nuestros pasos. Edificios  que en algún tiempo fueron de departamentos  expulsaban  grupos de jóvenes con trajes estrafalarios y actitud amenazante. Mi pareja y yo nos miramos amedrentados. El  barrio era de negros. ¿Como pudimos seguirlo hasta aquí? ¿Dejarnos llevar  por alguien que ya casi era un desconocido? Me pregunté.

Estábamos en sus manos ¡Esta parte de la ciudad no la conocíamos! La inquietud se apoderó de mí.  En eso, nuestro amigo exclamó “Ya  llegamos”  y señaló un establecimiento más iluminado que los demás, parecía que todos se dirigían hacia allá. Conforme nos acercamos mi temor aumentó… 

Después ¡lo comprendí todo!   Acordes sincopados se dejaban escuchar hasta la calle. Adentro un cuarteto improvisaba y jazzistas  de todas las edades intercambiaban sus últimas grabaciones…
 
CELIA VERA 

SALTO



Ya me tiro.

Nunca pensé que la vista desde aquí fuera tan espectacular. Las luces brillando por todas
partes; blancas, amarillas, algunas rojas, casas, edificios, rótulos, diversas fuentes pero ahora
qué importa.

Negro que intenta apoderarse de todo y esas mismas luces luchando contra su abrumadora
presencia siguen titilando como lo han hecho desde antes las estrellas y la luna tan poderosa y
tan ínfima; es la perspectiva la misma que he perdido.

No recuerdo como llegué hasta aquí. El coche quedó a tres cuadras frente a la casa amarilla.
Quedó inundado de manchas negras el pobre. Sobre el tapete quedan regados cientos de
puntos negros que estaban en el volante. Muchos todavía quedan clavados entre mis uñas.
Tomar la decisión no fue fácil y el tiempo trascurrido me enseñó un nuevo deporte que ya
no más practicaré: arrancar esos puntos del volante que me daban seguridad al asegurar el
volante pero también he perdido la seguridad.

Fue fácil trepar hasta la baranda. No es muy alto, no hay alambrado. Dicen que en otro país se
dieron cuenta que era necesario alejar la baranda de la gente construyendo mallas metálicas
y los más ostentosos y pudientes hasta vidrios pusieron como altas paredes que no dejan que
tus decisiones se hagan realidad. La última decisión.

Nunca antes había pensado en esta posibilidad. No recuerdo haber pronunciado su nombre.
No estaba en la agenda hasta que ella me sacó de su vida y ahora la agenda es inútil y a ella
también la he perdido.

Quien diría si un par de fuertes alas pudieran cambiar el rumbo que voy a tomar. Ellas te
impulsan, te elevan y en caída libre siempre son capaces de recular y alzarte de nuevo pero
ahora solo me espera una línea recta.

Siento el viento como siempre me gustó; acariciando mi cabeza y mis cabellos que siempre
estuvieron libres como las ideas. Las mismas ideas que me confundieron, que me hicieron tan
impulsivo y que no se podían contradecir porque el amor era todo y ahora pienso que también
se ha perdido aunque me dijeron que es posible que nunca lo haya conocido.

Un paso y el viento deja de acariciar. Es un rugido que espanta. El último rugido y el último
espanto.

Las palabras no surgen y los problemas se quedan encerrados para quedarse ahí conmigo fríos
y aplastados como era su destino aunque debieron quedarse arriba en el puente y yo en el
coche de regreso a casa. Casa que ya no es más mi casa porque la he perdido.

Está era una de las salidas. La más cercana, con la puerta entreabierta, era sólo un impulso
y ya del otro lado sin pasar por verle la cara a mi asunto. Ese asunto ahora se quedará en un
párrafo o dos del periódico de mañana para luego envolver la compra del mercado.

Antes de que surja otro pensamiento más, ya es tarde. No hay más tiempo. El impacto es
inevitable lo mismo que la oscuridad que es lo único que he ganado.

luis carlos palazuelos 

11 ene. 2011

El hombre del color nunca visto



Un amigo le habló de la propensión a contraer el cáncer por usar pasta dental, así que empezó a lavarse los dientes con limón y sal. Al cabo de un tiempo se le cayeron los dientes y tuvo que mandarse hacer una caja falsa que se le salía a menudo.
No comía carne ni pollo congelado, luego se supo que ese fue el inicio de su inconfesable temor a llenarse de metástasis.
No bebía, nunca fumó, dejó de comer polvorones a los cuarenta y a los cincuenta dejó la Coca Cola, las grasas vegatales, el arroz blanco, la soja, el queso francés, la leche de vaca, la de cabra, la de de oveja, las frutas sin certificado ecológico y pronto tuvo que declinar las invitaciones a restaurantes porque no encontraba qué comer ni qué beber.
Se decantó por alimentarse con puré de zanahoria recién hecho porque los dientes le molestaban y le decían que lo mejor para ellos eran las comidas calientes.
Un día se quejó de un dolor de estómago, no se tomó ningún medicamento, se hizo el loco para no ir al hospital, siguió cominendo puré de zanahoria hasta que un maldito cáncer de estómago se cebó con él y con sus dientes falsos.
Murió en un ataúd ecológico y con un color de piel nunca visto por ningún médico; pues parece que las zanahorias, a las que era alérgico desde la niñez, le intentaron hablar de la única forma que sabían.


María Paz Ruiz

5 ene. 2011

AQUELLOS REYES MAGOS…


Desde muy pequeña sabia que los reyes magos no existían, años tras años junto a sus hermanos descubrían escondidos los juguetes en el armario de sus padres, siempre una muñeca para las niñas y un coche o un avión para el niño, sin embargo la duda  la acompañaba  ya que el día de reyes al despertar y correr a la sala para ver los juguetes, encontraban algo nuevo que no habían visto antes ¿¿sería posible que estuviera equivocada y que realmente los reyes magos existieran??.
El verano del 75 su madre la había dicho que si aprendía a montar en bicicleta podía ser que ese año se la trajeran los reyes, la situación económica del país en general no daba para muchos lujos pero ella se propuso aprender y lo hizo en un día, pasaron los meses, y en Diciembre fueron a elegirla, ¡¡era la bicicleta mas bonita que había visto en su vida!! Color lila brillante y con ese olor a nuevo que al igual que el olor del invierno de su infancia quedo para siempre en su memoria, si, ese olor a estufa de carbón y a leña, que rara vez se disfruta ya pero que cuando lo haces cerrando los ojos te lleva de vuelta a un tiempo que incluso a veces, ….. fue feliz .
Si, su madre les había dicho que la pagaría en plazos, pero unos días antes de reyes, las comunico que era imposible, que se fueran haciendo a la idea de que no podía ser, era demasiado cara…aun con la frustración, se conformaron, quizás mas adelante…y la noche de reyes como ya venia siendo habitual desde que habían empezado a crecer, ella coloco en la cocina todo lo que ya les habían comprado como regalo,  para hacer creer a sus hermanos que los reyes habían venido…
Esa mañana de reyes del año 76 se despertó como cualquier otro día, pero al ponerse las gafas no daba crédito a lo que veía…apoyada en el pasillo de entrada había ¡¡¡una bicicleta!!!..., se frotaba los ojos una y otra vez ………no se atrevía a acercarse, por si era fruto de su imaginación, despertó a su hermana para que lo confirmara si es que ella también la veía…¡¡existían!!!,……….. los reyes magos existían¡¡…………….esa era la prueba irrefutable ¡¡¡ la habían traído una bicicleta, era color blanco, mas bonita incluso que la que había elegido, cuando comprendió que era real no podía dejar de tocarla, ni siquiera se la ocurrió bajar para montar en ella……… era tan perfecta que temía que se rompiera…
Ese día mágico le sigue acompañando, ya madre hizo que sus hijos pudieran disfrutar de esa ilusión, de esa magia, de hecho su hijo mayor no supo la verdad hasta que cumplió los diez años, su profesor le aclaro, para que no abusaran a la hora de pedir cosas, y cuando lo supo respeto que su hermano mas pequeño lo ignorase, el pequeño se entero un poco antes, pero al igual que su hermano cuando lo supo, en secreto la pregunto si el otro lo sabia , “para no quitarle la ilusión”…
Otro año mas el ciclo se repite , la emoción en las caras de los niños cuando llega la noche de reyes le sigue enterneciendo, no permitamos que se pierda la magia, y nunca dejemos de creer que los reyes magos existen…
Loly Loly